«… Federico, como todo el mundo sabe, estaba muy enamorado de mí, y probó a darme por el culo dos veces, pero como yo no soy maricón y me hacía un daño terrible, pues lo cancelé en seguida y se quedó en una cosa puramente platónica y en admiración» – escribía Dalí.

Salvador Dalí (1904-1989) y Federico García Lorca (1898-1936) vivieron su privativa versión de Brokeback Mountain en España.

Mantuvieron una apasionada relación de amor y complicidad artística e intelectual.

Se conocieron allá por 1923 en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en la que también convivieron coetáneamente otras celebridades del panorama artístico español como Pepín Bello y Luis Buñuel. Esta amistad surge de inmediato, ya que ambos se sienten atraídos por ese antagonismo de ideas, personalidad y concepción artística. Tanto Lorca como Dalí quedaron fascinados el uno con el otro, lo que llevará a una correspondencia entre los dos durante gran parte de su vida. Dalí diseñó los decorados de la obra “Mariana Pineda” de Lorca, así como bastantes pinturas y este le escribió la 'Oda a Salvador Dalí' (entre otras).

«No es el arte la luz que nos ciega los ojos. Es primero el amor…»

Esta aventura amorosa fue muy intensa aunque nunca llegó a consumarse del todo. Lorca fue mucho más consciente de los sentimientos que le despertaba Dalí, mientras que el pintor sentía una exorbitante relación de amistad, pero, al fin y al cabo, solo de confraternidad. En 1926, el poeta se le insinuó sexualmente, a lo que Dalí dijo que no, pese a sentirse halagado, pues no era homosexual. Tuvieron una estrecha relación tanto personal como artística, así como algunos debates estéticos, hasta 1928, donde comenzaron a alejarse.

Lorca se marcha a Estados Unidos y Dalí se acerca más a Buñuel, con el que colabora en Un Perro Andaluz, lo que crea un mayor distanciamiento entre Lorca y el pintor, ya que Buñuel no aceptaba del todo a Lorca.

Es por esta fecha, 1929, cuando Salvador conoce a Gala, su futura esposa, casada por aquel entonces con el poeta Paul Éluard.

«Somos dos espíritus gemelos. Aquí está la prueba: siete años sin vernos y hemos coincidido en todo como si hubiéramos estado hablando diariamente…»

Se reencontraron en 1934 en Barcelona, afirmando que ni el tiempo ni la distancia habían borrado esa relación.

En 2013, la editorial Elba reunió toda la correspondencia y las misivas que intercambiaron ambos artistas titulándola: 'Querido Salvador, querido Lorquito'. Trata de desmentir el mito de la presunta traición de Dalí a Lorca en la que supuestamente Dalí hizo comentarios poco apropiados sobre su antiguo compañero y llegó a airear las aficiones sexuales del autor nacido en Granada.