La rivalidad en la pintura lleva, muchas veces, a la realización de obras donde se pueden ver influencias e incluso insinuaciones a otros artistas, con la Literatura los casos de enfrentamiento pueden ser mucho más sangrantes ya que emplean como arma la palabra.

Bien conocida es la rivalidad, que quizás puede considerarse más clásica en las letras españolas, entre dos autores que han contribuido a la historia de la literatura universal, son Góngora y Quevedo. El primero creador del llamado culteranismo, que propiciaba una vuelta a los clásicos y el uso de un lenguaje un poco rebuscado.

Quevedo, por su parte, se centraba en los conceptos y en la simplicidad. Se mantiene que quizás Quevedo buscó la fama al atacar a un Góngora ya consagrado, aunque no está claro el origen de la disputa…prácticamente todos recordamos el soneto “A una nariz pegado en el que se reía de la prominente nariz de Góngora.

Más cercana en el tiempo es la enemistad que enfrentó a dos autores de la generación del 27 que acabaron siendo víctimas de la contienda fratricida que asoló nuestro país. Se cuenta que el poeta Federico García Lorca decía que “le tenía alergia” al estos días conmemorado por el 75 aniversario de su muerte Miguel Hernández.

Bien sonado fue también el puñetazo que el escritor Mario Vargas Llosa le dio hasta el su entonces amigo y colega Gabriel García Márquez, cuyas causas ninguno ha aclarado jamás.

Y en el ámbito de la literatura anglosajona podemos mencionar la ruptura de una amistad de más de 30 años entre el escritor Paul Theroux y el que considera su maestro V.S. Naipaul, Theroux reflejó toda su historia en una novela titulada “La Sombra de Sir Vidia”.

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