Históricamente, los niños en edad escolar demuestrandistintos grados de participación, compromiso y concentración con la clase. Noobstante, paralelamente a los cambios sociales, también se fueron registrandomodificaciones más o menos notorias en los alumnos, siendo el tema de laconcentración uno de los más visibles. Poca predisposición a mantener elsilencio, a permanecer largos periodos de tiempo sentados, y atención limitada,son tal vez algunas de las escenas más comunes dentro de un salón de clases.

Anteesta situación, un grupo de investigadores pertenecientes a la Universidad deQueen, encontraron, luego de una interesante experiencia, que interrumpir lasclases con breves períodos de actividad física, mejora el comportamiento  y la actitud y, por lo tanto, los resultadosacadémicos de los niños.

El trabajo, publicado en AppliedPhysiology, Nutrition and Metabolism, demuestra que hacer una actividadfísica lúdica breve, no superior a los cuatro minutos, tiene beneficios para elaprendizaje.

Tal como se los denominó, los FUNtervals –algo así como “intervalosdivertidos” – se ubican estratégicamente en el transcurso de una clase. Llegadoel momento, los alumnos pueden “descansar” activamente, despejando su mente delo que se está enseñando a través de unjuego o desafío que implique el movimiento del cuerpo. Esta actividad físicabreve, según se comprobó, consigue aumentar los niveles de concentración parael periodo siguiente de clases.

Como contrapartida, los investigadoresexperimentaron el mismo tiempo de descanso pero los participantes –niños denueve y diez años –durante el cual no realizan ninguna tarea activa. De acuerdoa lo observado, este grupo no registró mejoras en las actividadespedagógicas posteriores.

Este estudio suma un argumento más para incentivar a losniños y jóvenes a realizar actividad física. Ya sea a través del juego o deconsignas más explícitas, lo real es que el ejercicio no solo tiene impacto en el cuerpo y el organismo, sino tambiénen el intelecto.

Los profesionales de la educación se enfrentan a comportamientos que ni remotamente eran pensados en alumnos de hace unas décadasatrás. La presencia del teléfono móvil y del lenguaje audiovisual, por ejemplo,hacen repensar las prácticas de la enseñanza para que sigan aportando valor alos sujetos implicados en elaprendizaje.

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