Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. El fenómeno inmobiliario que vivimos a la actualidad demuestra que ese aforismo es completamente cierto. En 2008 padecimos una crisis inmobiliaria y económica que nos llevó prácticamente al colapso como país. 10 años después se está formando otra en las ciudades de Madrid y Barcelona. Este artículo trata en exclusiva de lo que está ocurriendo en la ciudad de Madrid.

El alquiler. ¿Qué está ocurriendo?

Cualquiera que haya observado los precios desde su punto más bajo en el 2014 hasta hoy en día se habrá dado cuenta que la evolución al alza ha sido absolutamente salvaje.

Pondré algunos ejemplos. En el distrito de Ciudad Lineal se podían encontrar pisos de tres dormitorios y 80 metros por unos 600 o 650 € mensuales. En la actualidad encontrar un piso de esas características por 700 € se podría considerar un golpe de suerte. Lo más normal es que se vengan pidiendo 800 € de media. Luego tenemos el caso del Centro. En un país en el que el salario de un profesional medio no supera los 1500 € mensuales vemos que por zulos de 30 metros se están pidiendo entre 800 y 1100 €.

Los barrios más humildes tipo Carabanchel o Vallecas no sé libran de esta epidemia. En estas zonas no encontrarás apartamentos de 30 o 40 m por menos de 550 €. Considérate una persona afortunada si logras algo por ese precio.

Los factores qué explican esta catástrofe para el bolsillo del madrileño medio son múltiples:

- Los alquileres turísticos. Han ocupado un espacio que estaba reservado a un uso puramente residencial.

- El resurgimiento económico de la ciudad. Madrid no deja de ser un polo de atracción de talento ya que es una ciudad que está en auge.

Por supuesto, este aumento de la demanda por parte de las personas que vienen a trabajar y estudiar a la capital también repercute en los precios.

- Los fondos de inversión. Aquí ya entramos en el plano de las conjeturas. Durante la crisis los fondos de inversión hicieron su agosto y acapararon numerosas viviendas. Ahora están volviendo a hacer el agosto manejando a su antojo el mercado. Los fondos de inversión pueden regular el flujo del alquiler a placer.

El increíble auge de la compra de vivienda en Madrid

Es realmente asombroso que en un país con un empleo tan precario y unas tasas de desempleo tan altas (incluso en una ciudad tan rica como Madrid) haya resurgido con fuerza la compra de vivienda.

Es sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta que los bancos ya no conceden crédito con tanta facilidad como antaño, lo cual nos deja todavía más perplejos si cabe. Esto daría para un programa de Cuarto Milenio. Es un gran misterio. De cualquier modo vamos a intentar encontrar luz sobre el porqué de este fenómeno.

Algunas de las causas pueden ser:

- Una mejora de la economía (Si amigos, aunque no lo parezca oficialmente hay una mejora económica). Esto puede haber animado a los bancos a dar créditos.

Aún así esta situación está muy lejos de repetir la que se dio antes del 2008.

- Los fondos de inversión extranjeros. A nuestro entender parece que ellos han sido unos de los grandes protagonistas en este cambio de tendencia. Al fin y al cabo los grandes fondos de inversión están detrás de muchos de los cambios que se producen a nivel global. Es plausible que sea así para explicar este cambio de tendencia.

- El capital se siente más confiado. El pánico posterior al 2008 y la prudencia que siguió a la lenta recuperación son al parecer cosa del pasado.

Si bien no estamos en la locura de la burbuja es cierto que se ha vuelto a poner el ojo en el sector inmobiliario como generador de oportunidades de negocio.

Conclusión

Nos encontramos queridos amigos ante una nueva burbuja, que si bien no es tan aguda como la anterior no deja de ser burbuja. Aquí va un aviso a navegantes: aquellos que quieran jugarse su hacienda invirtiendo fuerte deberían de hacerlo con cuidado para no encontarse en el desagradable trance de pasar de lo más alto de la curva de precios a la debacle en un abrir y cerrar de ojos, teniendo comprometidas sumas que no puedan permitirse arriesgar.

La moraleja es que no arriesgues lo que no puedas permitirte perder.

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