Invitado por la Cámara argentina de Comercio y la Cámara del Comercio de Bahía Blanca, Santiago Kovadloff estuvo disertando ayer sobre el escenario político y social argentino.

Algunas de sus obras de este ensayista y poeta argentino fueron traducidas al hebreo, portugués, alemán, italiano y francés y otras se han difundido por España. Se desempeña profesionalmente como profesor de filosofía y conferencista.

Además, es profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) y miembro del Comité Académico de la Universidad Ben-Gurion de Neguev, de Israel.

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También es miembro correspondiente de la Real Academia Española, miembro de número de la Academia Argentina de Letras y miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.

La polarización

“La dificultad que normalmente prepondera en el pensamiento político argentino nace de una fuerte propensión a la fragmentación y a la polarización. Una dificultad para concebir la idea de lo complejo como una idea que solicita por parte de quien toma en cuenta el desafío que implica la Argentina de integrar los opuestos en planteos más matizados, que no implica conciliaciones fáciles o concesiones demagógicas sino un sentido de interdependencia de las partes.

Yo no soy muy partidario de estos planteos que podríamos considerar antagónicos o muy polarizados”, expresó.

Seguidamente expuso que “dicho esto, entonces quisiera decirles a ustedes que yo creo que la Argentina enfrenta desafíos que podríamos considerar compartidos por otras naciones del presente y otras que son específicos o propios de la idiosincrasia histórica y cultural de nuestro país”.

“En el primer orden, creo que la Argentina comparte a su manera, es decir con rasgos propios, conflictos fundamentales como pueden ser justamente el sostenimiento de sistemas democráticos republicanos que sean capaces de poner de alguna manera fin a las brutales desigualdades en que hoy está sumido el país, a las asimetrías profundas (producto entre otras cosas, de la inflación) que aún desvelan al país y que son compartidas con otras naciones del mundo en la medida en que se pueda reconocer la crisis que estos sistemas democráticos republicanos enfrentan por distintos motivos, pero por motivos complementarios también, a nivel mundial”, añadió.

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Asimismo, dijo que “hoy la democracia del llamado mundo desarrollado está enfrentada a amenazas de extremismos, sobre todo de extrema derecha y que hacen que esa democracia acuse dos rasgos muy importantes: cierta pérdida de credibilidad de los sistemas democráticos y, por otra parte, cierta permeabilidad a las propuestas políticas que hacen de ese cansancio y de esa incredulidad un recurso de capitalización y de protagonismo por parte de esos sectores extremistas”.

Otra vez, la deuda

“Hay además fenómenos específicos, yo creo que la Argentina es un país que ha contraído una hipoteca no saldada y que tiene una fuerte propensión en caer en lo repetitivo, es decir en la práctica de conductas, políticas sociales y económicas, que evidencian la dificultad para capitalizar los fracasos. Esto último es algo indispensable en no solo en el orden social, sino también en el orden personal. Una persona interesante no es una persona que no tiene problemas, es aquella persona que es capaz de infundir a los problemas que tiene, un tratamiento que le posibilite un aprendizaje de lo sucedido”, manifestó.

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Finalmente, señaló que “donde no hay aprendizaje del fracaso, el fracaso tiende a ser nuevamente una práctica de lo repetitivo. La Argentina evidencia un carácter repetitivo porque es un país que tiene dificultades para conceptualizar debidamente las complejidades de su experiencia en virtud de distintos factores, por ejemplo, arrastrar deudas no saldadas.

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