Aunque los supremacistas blancos estuvieron convocando para la marcha durante semanas, solamente lograron reunir a menos de un centenar de militantes este domingo frente a la Casa Blanca en Washington. La contramarcha antifascista logró evitar que el pequeño grupo de racistas blancos celebrara el primer aniversario de la marcha convocada por los supremacistas el año pasado en Charlottesville, Virginia. Es importante recordar que la mencionada concentración desembocó en un terrible hecho sangriento que dejó muertos y heridos.

Los contra-manifestantes se mantuvieron unidos

Los contra-manifestantes en Washington se mantuvieron firmes, incluso después de ver el bajo número de supremacistas, nadie se separó de la concentración, lo que comprobó que los estadounidenses que quieren curar a los Estados Unidos de divisiones son una mayoría y eso, a pesar de las apariencias, apunta hacia la consolidación de la unidad nacional.

La policía de Washington DC formó un sólido cordón antimotines alrededor del centenar de neonazis.

Asimismo, muchos de ellos ocultaban su rostro con máscaras negras, otros estaban cubiertos con banderas estadounidenses y portando cartelones de un llamativo color rojo donde se podía leer: “Make America Great Again”, el lema de campaña de Donald Trump.

Una lección de los contra-manifestantes; fracasa la extrema derecha

La marcha de los supremacistas blancos estaba liderada por el dirigente de la ultraderecha estadounidense Jason Kessler, quien caminaba rodeado por una veintena de sus compañeros más extremistas.

Los contra-manifestantes se concentraron en gruesas columnas alrededor de ellos y gritaban: “¡Qué vergüenza!”

Bajo una gran tensión y en una atmósfera cargada rechazó, la marcha avanzó unas pocas cuadras, apoyada por una fuerte escolta policial hasta el área del mitin cercana a la Casa Blanca. Allí se congregaron bajo los gritos e insultos de la columna de contraataque, sin embargo no hubo enfrentamientos físicos como en la marcha de Charlottesville, Virginia.

El año pasado en Virginia, como resultado de los violentos enfrentamientos surgidos entre los supremacistas y los contra-marchistas resultaron varias personas heridas y una mujer fallecida, Heather Heyer, quien murió por las heridas producidas por el grupo más violento de estos racistas, muchos de ellos miembros del Ku Klux Klan.

El presidente Trump, el año pasado condenó los hechos violentos en Charlottesville. Sin embargo, defendió el derecho de los supremacistas a manifestarse y añadió que muchos de ellos eran “gente buena”, aunque concluyó que quería paz para todos los americanos, se encontraba jugando golf en uno de sus clubes ubicado en Nueva Jersey.

Por su parte, la activista Makia Green, quien representa a un movimiento de derechos raciales de los afroamericanos en Washington, al ver fracasar la concentración de la parte más radical de la extrema derecha estadounidense, sostuvo que por experiencia sabe que la ignorancia del nacionalismo blanco no funciona.

Los disturbios y enfrentamientos en Charlottesville el año pasado desembocaron en la lamentable pérdida de una vida, y trajeron división y resentimiento, por lo que la baja participación de los supremacistas blancos ofrece una visión positiva de la problemática racial en los Estados Unidos.

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