China ha cambiado su política respecto a la importación de basura. De esta forma el país asiático ha decidido que no recibirá más basura del exterior a partir de este 1 de enero. Esta medida afecta tanto a EEUU como a Europa, que desde hace años exportaban millones de toneladas hacia China. Sin ir más lejos, en 2016 importó más de siete millones de toneladas de residuos plásticos según la Asociación de Residuos Plásticos de China.

Este cambio en la política China hace que muchos países occidentales se enfrenten al dilema de qué hacer con todos esos residuos que ya no parecen tener salida. Desde 2018, la potencia asiática ha vetado la importación de 24 categorías de desechos de material reciclable y sólidos, residuos que antes reutilizaba para sus propios embalajes y manufacturas.

El motivo de este cambio de idea parece estar relacionado con el aumento del consumo en China, aumento que implica a su vez un incremento en la generación de residuos suficiente para autoabastecerse en lo que a residuos respecta.

El cambio en la política de residuos China ha hecho que muchos países occidentales se planteen qué hacer con aquellos recursos que antes exportaban y ahora parecen no encontrar salida. Ante esta situación la solución parece ir de la mano en desarrollar programas sostenibles basados en el aumento de residuos reciclado, buscar otros países donde exportar sus residuos o adoptar modelos de producción más cercanos a la idea de una economía circular. Sin ir más lejos, la Unión europea ha indicado que uno de sus objetivos para 2030 es que todos los envases de plástico puedan ser reciclables o reutilizados (mediante una estrategia centrada, sobre todo, en los plásticos de un solo uso).

Lo más común es que las fábricas estén obligadas a gestionar los residuos producidos por su actividad. De modo que son ellas las que se encargan de separar y clasificar sus residuos y entregarlos a un gestor que les realice un tratamiento que sea respetuoso con el medio ambiente. Pero muchas empresas no optan por este método si no que se ahorran los gastos de gestión y tratamiento de sus residuos y simplemente los embarcan en contenedores dirigidos a China. Una vez en el país de destino los residuos son enviados a las provincias del interior de China donde son separados, clasificados y reutilizados en la medida de lo posible.

¿Qué ha ocurrido?

En 2013 China implementó el plan “Valla Verde” que mejoró la calidad de los residuos que entraban al país, de modo que cada vez era menor la cantidad de residuos no reutilizables que importaban. De esta manera el país obtenía aquellos residuos que podían reutilizar y servirles como compensación a su falta de materias primas.

Pero todos estos residuos generaban un fuerte impacto medioambiental en China y sobre la salud de los habitantes de esas provincias encargadas de su tratamiento (que presentaban unas elevadas tasas de mortalidad y niveles de contaminación).

Por ello el gobierno chino ha decidido “cerrar el grifo”: se han cerrado varias instalaciones de tratamiento de residuo, algunos empresarios han sido encarcelados y se ha prohibido la importación de residuos. Así, desde principios de este año ya no se podrá exportar a China una gran variedad de residuos (eléctricos, plásticos, textiles, papel…).

Esta medida pone en jaque a muchos países europeos que dependían de China para eliminar sus residuos. El Reino Unido, por ejemplo, exportaba casi un 65% de sus residuos plásticos o Irlanda en el que llegaba a un 95%. España también se ve afectada por la nueva prohibición china, en el 2016 nuestras exportaciones a China de residuos de papel y cartón llegaron a ser del 70% del total producido. Además, según el ICEX, en ese mismo año se exportaron a China 138.338,81 toneladas de residuos.

Esta noticia obliga a que muchos países occidentales se replanteen sus políticas de gestión de recursos lo que hace preguntarse si es quizás el momento de adoptar modelos de producción más sostenibles y de aumentar los esfuerzos nacionales en lo que a materia de reciclado concierne.