En las dos últimas semanas, tuvieron lugar dos episodios que le recordaron al mundo que Europa está presenciando un odio racial cada vez más grande. El primero sucedió en Austria: el primer bebé en nacer en el 2018, una nena llamada Asel Tamga, despertó una increíble ola de comentarios racistas en las redes sociales, por el simple hecho de ser hija de padres musulmanes: "cuando cumpla los 18 años va a ser una terrorista", "deporten ya a esa basura" o "que se muera ya" fueron algunas de las atrocidades que se pudieron leer antes de que los diarios del país tuviesen que cerrar los comentarios de la noticia.

El segundo hecho ocurrió en Italia, en las últimas horas: el candidato conservador de cara a las próximas elecciones legislativas, Attilio Fontana, afirmó que "la raza blanca está en peligro", y luego declaró que "no se trata de un asunto racista o xenófobo, sino de ser racional y lógico".

Según el político, la "raza blanca italiana" está siendo amenazada por la llegada creciente de inmigrantes y refugiados".

En los últimos años el odio racial ha ido creciendo exponencialmente en Europa, de acuerdo con la Agencia Europea de Derechos Fundamentales. Odio contra musulmanes, odio contra negros, odio contra judíos y gitanos; básicamente odio contra cualquier minoría.

Escenario cambiante

Hace unos diez años, sin ir más atrás, éstos discursos provenían solamente de pequeños movimientos políticos de ultraderecha. Hoy, si bien estos partidos siguen siendo una minoría, van creciendo y acercándose al poder, e incluso en algunos países su tasa de voto ronda el 30%. Sin embargo, es menester destacar que en no todos los países europeos se está viviendo la misma situación.

Tomemos el caso de Grecia por ejemplo: el auge del movimiento ultraderechista "Aurora Dorada" puede rastrearse hasta la dura crisis económica del año 2008.

Sin embargo, podemos observar países como España o Portugal, que cuentan con una gran población migrante (al igual que Grecia), que también han sufrido durísimos ajustes, y a pesar de todo la ultraderecha sigue siendo algo residual (de hecho ni siquiera logra representación en el Parlamento).

La creciente llegada de refugiados que se vive desde mediados del 2015 contribuyó a que el "FPO" austríaco (que basó su campaña en el rechazo a cualquier clase de inmigrante) y a los frentes populistas de los países escandinavos a llegar al poder. Lógicamente, ambos cuentan con mayor apoyo en zonas rurales (donde prácticamente no hay extranjeros) y menor apoyo en las ciudades, donde los migrantes se han integrado a la sociedad sin mayor problema.

En una categoría totalmente diferente están las naciones de Europa del este, en especial Hungría, República Checa, Polonia y Eslovaquia: países donde no aceptan refugiados y los Gobiernos aumentan el odio hacia los mismos, difundiendo todo tipo de noticias exageradas o directamente falsas.

En Alemania, el poder de la ultraderecha crece sobre todo donde hay menos extranjeros, y lo mismo ocurre en Francia.

Estos movimientos hacen llegar sus discursos cada vez más allá de lo político y los medios de comunicación, viéndose reflejados en las redes sociales. Por su parte, los partidos menos extremistas, temerosos a perder votos, tienen a sus líderes repitiendo sus discursos de odio., escenario impensado una década atrás.