La vida rural está de moda como fondo de postal. Y si ponemos rural al lado de ecológico, venderemos hasta trozos de cemento. El grupo humano se ha desplazado, el lugar rural ‘está casi vacío, "La España vacía, viaje por un país que nunca fue de Sergio Molino" nos lo cuenta, y se lanza una alarma para volver a impulsarlo. Todo esto ha ocurrido en España en los últimos 30 años.

Y ahora sin mirar atrás, compramos alimentos con etiquetas verdes, que como reclamo ponen la foto de una granja. Pero teníamos, cuando nacimos, algo parecido e intentamos esconderlo en la ciudad, porque te hacía de menos.

Ecología humana

Así que soy una persona ecológica, pues he nacido y crecido en un pueblo. La hija de una amiga, le daba las gracias, por haberla tenido y criado en uno. Pero allí en el pueblo no queda casi nada de "el comer la verdura, las patatas, la fruta de tus terrenos, o las cosechas de trigo y cebada, o calentarte con la leña que el bosque desechaba". Allí también hay alguien te lo trae de fuera. Aunque algunos románticos cosechen su pequeño huerto, y salven el concepto de rural y ecológico, pero en su ámbito familiar.

La praxis agraria de la Unión Europea, llevando a los grandes cultivos el eje de la atención productiva, y marcando cuotas de producción, ha acabado con eso. ¡Qué mentira! En un pueblo no hay excedentes. Esto, unido a las políticas de cuotas agrarias y ganaderas de los otros países europeos, más listos, ha fabricado en nuestro país un erial, poblado de zarzas y espinos, para pasear la senectud.

Pero volvamos a lo personal.

Soy ecológico, porque mi abuela me contaba cuentos de miedo, relacionados con lugares conocidos y un poco míticos de allí, y también me enseñaba hierbas, remedios naturales, me hablada de la guerra, y de señores importantes, del frío, y de cómo se cultivan las cosas; también mi padre. Hoy hemos dejado los abuelos en el pueblo, y esa transferencia, en la que está incluida el aprendizaje alimentario, no tiene lugar.

¡Son cosas de viejo!, frase que ha destruido la ecología humana. No es lo mismo beber agua en una fuente del bosque, que en un apósito de hierro. Todo este teatro urbano es una migración enquistada de la naturaleza.

Parterres urbanos, pírricos bosques

Estas representaciones del bosque en la ciudad, para engañar nuestro intrínseco instinto animal de apego a la naturaleza. No tienen otra finalidad más allá del hacernos sentir, a los huidos, recuerdos secundarios, codificando en miniatura un lugar del pueblo con cierto parecido, como un recorte gráfico o una foto, para no olvidar, en el álbum que nos hace tener hidalguía ecológica.

Allí vamos a extendernos en el atardecer, el tramo donde la necesidad de naturaleza nos invade, tras calentar en horas previas nuestro asentamiento, dándonos cuenta de la estabilidad emocional que nos provoca. Eso si el ruido de los móviles y los coches, no interfiere. Todo esto lo tenemos que desaprender. No es Ecología Humana. Como parche tiene efecto placebo, pero no suma, sino resta.

Tendremos que mirar muy atrás, para coger el hilo del humano sostenible, agazaparnos al lado de los restos de cualquier artesano, y otras abuelas adyacentes, para aprender oficio y virtud culinaria, a la vez que las redes nos comunican, que el mundo ha recobrado la conciencia, y se declara públicamente parte de la naturaleza, y cumplirá sus responsabilidades, sin Davos

Se puede vivir en el campo y estar rodeado de tecnologías, consumir lo que necesitamos y ser sostenibles.

¡Y mientras!, dejar al barbecho rehabilitar la tierra, a los ecosistemas realizar sus servicios ambientales, y nosotros continuemos comiendo coles y alcachofas en invierno y peras en verano, con moderado consumo de pescados y carnes. “Todo está relacionado con todo", esta es la primera ley de la Ecología.

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