La idílica Granada se acuna entre las brisas heladas, que bajan de Sierra Nevada.

Un aparte de la ciudad, donde se asienta la Alhambra, deja un recoveco amplio para que se expandan sus habitantes, y acercándose al este, miren al Sacromonte.

Allí estuve ayer, una vez más, con grandes amigos, y sin llegar a excesos bucólicos, volvimos a sus cuevas, y en concreto al Museo Cuevas del Sacromonte. Las fotos ilustran este pasaje agreste y soleado, al refugio de los vientos helados.

Ya en el pragmatismo, y fuera de las veleidades de la amistad y de la tertulia, quedamos, otra vez, ciertamente atrapados por esas misteriosas y gráciles viviendas, excavadas en la arenisca, que como micro climas emocional, no dejan de llamar la atención, con un flujo constante de visitantes, este sábado por la tarde, de todos los grados de familia y relación.

Eran y son, rincones llamativos, que muchas veces al carecer de propietarios, licencias y catastros, sirven para agrupar a los secundarios restantes de la población artesana, bohemia y hippie, que transita por Granada, con recursos limitados. Aunque hay algún okupa, debido al auge de la sustanciosa estancia gratuita, la mayor parte de ellas tienen propietarios, que se acogen al patrimonio impositivo, y revierten su fama en el turismo que merodea, no sin cierta picaresca en el trato, y en el abono de las visitas.

Bien sabes que al subir, oirás de ruido de fondo, según caminas, alguna zambra de Estrella Morente, saliendo de un rincón como reclamo.

La zambra puede derivar de la palabra árabe "zamra" ( flauta) o "zamara" (músicos) y suele aparecer en la literatura en el siglo XVI y XVII junto a los géneros como el "zapateao", la zarabanda y el fandango, como modalidad propia de moriscos.

Ambas culturas, dieron buena anotación de ella en su crónicas, incluido Cervantes.

Pero nos estamos engolando en la erudición, y aquí, al Museo Cuevas del Sacromonte hemos venido a pasar la tarde, y a comer. Otros días, ya entrada la primavera, esta lleno de actividades con peculiares actuaciones de flamenco, con "cantaores" y " bailaores" del barrio, talleres infantiles, teatro, cine, y una espectacular noche de San Juan, y su celebración tradicional de San Cecilio.

Y como no, ya en la comida, con ingredientes, ya poco habituales en nuestra dieta, ahí esta la tortilla del Sacromonte, con sesos, o el remojón granadino, o el pollo a lo Sacromonte. En alguna de ellas va incluida la fruta, por lo que antes de subir, te has de hacer con otro postre. Y en cualquier pastelería te envolverán unos piononos, delicias de bocado, que te enajenaran los sentidos.

Y llegado aquí nos queda toda la tarde para hablar, indagar en cada cueva de este Museo Cuevas del Sacromonte e inmiscuirnos en eso que parece algo, y en cualquier momento se acercará, para delatar un secreto ceniciento y oscuro, que la tradición oral ha diversificado, hasta la actualidad

El mítico Sacromonte

A la somnolencia del atardecer digestivo, el crujido de los pasos, entre hojas secas y piedrecillas, de las visitas, y la decadencia de la luz, al avanzar el día, aparecen en la conversación, ciertas atención a la narración sincrética de la oralidad. Y somos todo oídos. Ante la noche, las palabras y las sombras, se alían para hablar de sus leyendas.

Y algunas de las conocidas y controvertidas son las de la abadía del Sacromonte, y la de los Plomos.

Estamos sentados, esperando que el frío nos empuje a acurrucarnos o a caminar, despues de tantos enajenados recuerdos, que los años y los dichos, han volcado sobre este rincón mágico.

Sí, como no, somos siete buenos amigos, que van de vez en cuando a comer, a hablar y a sisear, sobre la magia, que cualquier tarde, vierte la historia de Granada.

Espero veros, por allí, algunas de esas tardes, y tendrás un gran recibimiento.

Hay estudios rigurosos, sobre Los documentos hallados en el Sacromonte, el Sacromonte en los grabados, y su historia.Y muchos vídeos en la red de grabaciones antiguas.

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