El 9 de diciembre de 1759, o sea tal día como hoy hace 259 años, llegaba el rey Carlos III a la ciudad de Madrid desde Nápoles. Tras varios retrasos debido a imprevistos, llegaba a la Villa y Corte para sentarse en el trono español. Un trono en el que llegó con 43 años y que por los madrileños ha sido recordado como "el mejor alcalde de la ciudad" debido a las reformas que hizo en Madrid.

La extraña pesadilla que tuvo su madre y que hizo que quitará las estatuas del Palacio Real

Hoy se conmemora la llegada de Carlos III al trono español, en el cual también destacó por curiosas decisiones que, debido a su extrañeza, se convirtieron en leyenda y marcaron su gobierno.

Una de las más conocidas es la referente al momento en el cual acabó de construir el Palacio Real de Madrid, también conocido como Palacio de Oriente.

La madre del rey, Isabel de Farnesio, ordenó a Carlos III que retirara las centenares de estatuas que estaba poniendo en lo alto del palacio. Aseguraba aterrorizada que en una pesadilla había visto cómo un terremoto asolaba la ciudad de Madrid y dichas estatuas caían y la mataban.

Carlos III, tras las peticiones de su madre, ordenó que se retiraran las estatuas de las cornisas del Palacio de Oriente y se pusieran en el jardín, donde actualmente se encuentran para ser visitadas por los turistas.

Carlos III, un obseso con el chocolate

Si hay otra curiosidad que se recuerda con la llegada de Carlos III a Madrid, hace hoy 259 años, es su especial predilección por el chocolate.

Su gusto por el dulce llegó a tal extremo que se convirtió en una obsesión para el monarca.

Sus propios cronistas lo pintan como un "chocoadicto". Aseguran que el rey Carlos III tomaba todos los días una taza de chocolate para desayunar, y cuando la chocolatera se iba, pedía a uno de sus sirvientes que, de forma sigilosa, le trajera más.

Su gusto por el chocolate se convirtió en una obsesión gastronómica.

Incluso llegó a tener su propia taza, que era la única donde solo podía beber él, y obligaba a que nadie se la cambiara, ya que el chocolate que había en ella era solo para el soberano.

Finalmente, la ingesta de chocolate dio tanta fama al monarca, que este gusto se trasladó a la población de Madrid, donde hoy en día se puede ver como una de las degustaciones típicas acompañada de los populares churros.

Una costumbre más que Carlos III inculcó en la Villa y Corte tras su llegada a la ciudad, tal día como hoy pero en el año 1759.

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