"Está tan menlacólico que ni sus bufones ni sus enanos logran distraerlo de sus fantasías respecto a las tentaciones del diablo. Nunca se cree seguro si no están a su lado su confesor y dos frailes, a quienes hace acostar en su dormitorio todas los noches", decía el embajador inglés Stanhope en 1698 sobre Carlos II.

Carlos II fue el último heredero de la Casa de Austria en España. Nacido en Madrid en 1665, su corto gobierno estuvo marcado por su salud física y mental. Aprendió a caminar con 6 años y siempre estaba enfermo. Nunca pudo tener descendencia, por lo que acabó con la política de los Austrias, tan importante a nivel de política internacional en los años anteriores.

Fue en el año 1696 cuando la salud del rey que ha pasado a la Historia como "el Hechizado fue de mal en peor.

Como no sabían cómo acabar con las dolencias de Carlos II y conseguir que tuviese un hijo, no quedó más remedio que acudir al inquisidor general, que dictaminó que aquello eran cosas del diablo.

Se tenía la creencia de que el diablo había dejado estéril al joven Carlos gracias a que éste bebió una extraña pócima vertida en una taza de chocolate. Incluso el propio rey admitía que era posible que estuviese "hechizado", ya que carecía de voluntad propia y hacía caso a todo lo que decían sobre él.

Por tanto, al rey se le practicaron varias sesiones de exorcismos a manos de exorcistas como el asturiano Antonio Álvarez Argüelles, el saboyano Mauro Tenda . Durante varias jornadas el rey fue objeto de diferentes ritos que tenían el objetivo de expulsar a los supuestos demonios que el monarca poseía.

Un ejemplo fue la decisión de rociar aceite bendito por todo su cuerpo desnudo, que provocó una subida de temperatura corporal y por consiguientes unas fuertes fiebres que pudieron ser el motivo de su muerte.

Pero de los espeluznantes exorcismos que sufrió Carlos II, el que más se recuerda fue el realizado con los restos de Felipe II, Felipe III y Felipe IV, cuyos ataúdes en el panteón de El Escorial se abrieron para que los presenciara el monarca enfermo.

Se pensaba que, ante tanto poder, los demonios abandonarían aquel cuerpo debido al miedo. Lo único que consiguieron fue aterrar a Carlos II, que comenzó a llorar desconsolado y traumatizado cuando vio el descompuesto cadáver de María Luisa de Orleans, su primera esposa y por la que el rey llegó a enamorarse.

Las prácticas de los exorcistas no hicieron más que empeorar la salud de Carlos II, que solo encontraría la ansiada paz a sus fuertes dolores el 1 de noviembre de 1700, fecha en la que finalmente muere en Madrid. Su fallecimiento supuso el final en la política española de los Austrias y un conflicto sucesorio que se convertiría en una verdadera guerra con alcance internacional, la Guerra de Sucesión Española.

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