Para BlastingTalks - entrevistas exclusivas de Blasting News con líderes empresariales y culturales - entrevistamos al Doctor Miguel Calero, director científico de la Fundación Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas (CIEN), uno de los centros de investigación más prestigiosos de España, de carácter público, que apoya y dota de más recursos al estudio de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y otras patologías cerebrales.

Blasting News: La Fundación CIEN apoya, promociona y coordina la investigación en todos los campos de la neurología básica, clínica y epidemiológica. ¿Cómo surgió CIEN y qué labores desempeñan como centro de investigación?

Miguel Calero: La Fundación CIEN aúna investigación e intervenciones clínicas de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson, la esclerosis lateral amiotrófica y otras demencias en todos los campos de la neurología básica, clínica y epidemiológica. Su nacimiento y sus quince años de vida están unidos a la conciencia, cada vez mayor, de la gran incidencia de estas patologías en un país como el nuestro: España es uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, en torno a los 83 años. Y si hablamos de “esperanza de vida” también hablamos de las patologías asociadas al envejecimiento, ya que la edad es el principal factor de riesgo relacionado con el desarrollo de una patología neurodegenerativa.

La Fundación CIEN gestiona la Unidad de Investigación del Centro Alzheimer Fundación Reina Sofía, en el barrio madrileño de Vallecas, donde tiene su sede.

Allí realizamos nuestro trabajo con estudios como el Proyecto Vallecas, de diagnóstico precoz del Alzheimer, o el Programa Alzheimer, que se desarrollan a través de los distintos departamentos de la Fundación (Clínico, Neuroimagen, Neuropatología, Bioquímica y Genética Molecular), contando además con un recurso científico-técnico fundamental como es el banco de tejidos cerebrales, el BT-CIEN.

¿Cuáles son las vías de investigación actuales de CIEN? ¿Qué proyectos tienen en un futuro a corto plazo?

Nuestros principales objetivos se centran en el desarrollo de herramientas de diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer y en la definición de los determinantes fisiopatológicos de la enfermedad. En este aspecto, estamos en línea con las tendencias principales de investigación en el mundo.

A medio plazo, nos planteamos desarrollar una plataforma de investigación en biomarcadores plasmáticos de la enfermedad, que nos permita mejorar la precisión diagnóstica y poner en valor los datos y muestras ya recogidos en la Fundación CIEN.

Asimismo, nos planteamos estudiar el papel de la patología sistémica asociada a infecciones, la disfunción vascular y la inflamación como potenciales inductores (drivers) de la patología neurodegenerativa. También consideramos de interés la definición de una referencia española para estudios de neuroimagen (el Vallecas Brain) y desarrollar un algoritmo predictivo de conversión a las fases iniciales de la demencia, basado principalmente en datos neuropsicológicos y de neuroimagen. Además, estamos muy comprometidos con la concienciación de la ciudadanía, con que la gente conozca y sepa tanto lo que hacemos como las consecuencias de las enfermedades neurodegenerativas, que son sociales y económicas.

¿Se ha visto afectado o interrumpido algún proyecto científico de la Fundación por culpa de la pandemia?

La pandemia ha afectado a todas las áreas de la vida social y la investigación no es una excepción. En el caso de la Fundación CIEN, tuvimos que suspender, por ejemplo, el congreso internacional anual que organizamos junto con CIBERNED (Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Neurodegenerativas) y la Fundación Reina Sofía.

Y dado que nuestra población de estudio son personas mayores, que son especialmente susceptibles a los efectos graves del Coronavirus, para evitar cualquier problema hemos tenido que suspender las visitas de voluntarios en el Proyecto Vallecas y las evaluaciones de las personas ingresadas en el Centro Alzheimer de la Fundación Reina Sofía.

En cualquier caso, hemos continuado investigando con el análisis de datos con los que ya contábamos; y desarrollando ideas, algo que muchas veces olvidamos, ya que el trabajo científico también consiste en pensar y conceptualizar.

La OMS ha advertido que algunos enfermos por la COVID-19 han desarrollado problemas neurológicos. ¿Habéis abierto una nueva vía de investigación que tenga en cuenta el virus como antecedente en futuras evaluaciones neurológicas?

La población de edad avanzada se ha visto especialmente afectada por la COVID-19, especialmente en residencias de ancianos, pero aún no se conocen bien la incidencia, la tasa de mortalidad y los factores de riesgo para la gravedad de los síntomas en las personas mayores. Dado que existen evidencias claras de que el SARS-CoV-2 afecta al sistema nervioso, nos planteamos estudiar las posibles secuelas neurológicas de la infección del virus en personas mayores, especialmente susceptibles al desarrollo de efectos tras la infección.

De hecho, durante el mes de abril de 2020 se realizó una encuesta telefónica a todos los voluntarios del Proyecto Vallecas. Se valoró la posible sintomatología relacionada con la infección por el virus, así como el estado cognitivo de la persona. Gracias a esta se pudo obtener datos relevantes de 913 voluntarios con edades comprendidas entre 75 y 90 años, explorándose medidas demográficas, polimorfismos genéticos, comorbilidades, hábitos de vida, deterioro cognitivo y otros sustitutos de la fragilidad asociados con Covid-19.

De la población total estudiada, 61 casos informaron síntomas de COVID-19 (incidencia 6,7 %) y 6 habían fallecido (tasa de mortalidad 0,7 %). La edad avanzada, el sexo masculino, la alta presión arterial sistólica, el hábito de fumar intenso, la ingesta de alcohol, el bajo consumo de café y té, y el deterioro cognitivo se asociaron con la gravedad de la enfermedad.

Este estudio ha sido recientemente aceptado para su publicación en un volumen especial sobre COVID-19 en la revista “Gerontology”.

El Alzheimer constituye uno de los principales retos de la Fundación CIEN con estudios como el ‘Proyecto Vallecas’ o el ‘Programa de Investigación del Centro Alzheimer Fundación Reina Sofía’. ¿Cómo afrontan esta enfermedad en franca expansión y sin cura conocida?

En el caso del Alzheimer, aún no contamos con un fármaco que pueda curar esta enfermedad. El avance en la investigación de las enfermedades neurodegenerativas está limitado por su extraordinaria complejidad, ya que afectan al objeto más complejo del universo, que es el cerebro humano. Si bien hoy sabemos, por ejemplo, que está vinculado a la acumulación de determinados complejos proteicos en el cerebro o que el componente genético no es el único factor de riesgo determinante de la enfermedad, todavía desconocemos muchas cosas.

¿Cómo afrontamos esta enfermedad? Con empeño, esperanza y trabajando. Creemos que el diagnóstico precoz y contar con una herramienta de diagnóstico es un camino prometedor, paralelo al de la investigación farmacológica y en ello están nuestros esfuerzos.

Los estudios sobre el Alzheimer se encuentran en la primera línea de investigación en la actualidad, ¿cuáles son los avances en la lucha para prevenir esta enfermedad?

Se considera que el 90% de lo que sabemos del Alzheimer se ha descubierto en los últimos 20 años. Además, en estos momentos, estamos en una situación muy interesante en relación con los avances en investigación a tres niveles complementarios: tratamientos, determinantes causales y marcadores diagnósticos.

Actualmente, existen 29 fármacos en fase 3 de desarrollo (la más cercana a su uso clínico) de los cuales 17 son fármacos que potencialmente pueden modificar el desarrollo de la enfermedad (el resto son tratamientos sintomáticos).

Está previsto que, a primeros de marzo de 2021, la FDA (la agencia que autoriza los medicamentos en los Estados Unidos) tome una decisión sobre la autorización del nuevo fármaco aducanumab, un anticuerpo monoclonal dirigido contra el péptido beta amiloide, que es uno de los principales marcadores neuropatológicos del Alzheimer. Aunque las expectativas de aprobación son bajas debido al informe negativo del comité consultor de noviembre de 2020, en caso de aprobarse sería el primer fármaco autorizado en casi dos décadas.

Por otro lado, los estudios genéticos colaborativos de carácter internacional están permitiendo definir con mayor claridad las distintas rutas implicadas en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer como son la patología beta amiloide y neurofibrilar (características fundamentales del cerebro afectado por la enfermedad de Alzheimer), el metabolismo lipídico, la respuesta inmune y la activación de la microglía (células no neuronales del cerebro).

Estos resultados tienen importantes implicaciones para la definición de nuevas dianas terapéuticas para el tratamiento de esta enfermedad. Asimismo, el reciente desarrollo de nuevas técnicas de detección ultrasensible de biomarcadores en muestras de sangre de moléculas provenientes del cerebro nos permite abrir una ventana para observar los eventos asociados a las enfermedades neurodegenerativas, que ocurren en el cerebro sin tener que acceder directamente a él.

La Fundación está contribuyendo a identificar biomarcadores que permitan diagnosticar casos de Alzheimer, incluso en etapas presintomáticas. ¿En qué punto se encuentran los ensayos clínicos para mejorar y adelantar el diagnóstico y prevenir la aparición de la enfermedad?

Creemos que el diagnóstico precoz es un camino prometedor, paralelo al de la investigación farmacológica y en ello están nuestros esfuerzos.

Uno de nuestros principales proyectos es el Proyecto Vallecas de diagnóstico precoz, con el que intentamos determinar marcadores tempranos de la enfermedad y a partir de estos, desarrollar un algoritmo probabilístico para identificar individuos en riesgo de presentar demencia tipo enfermedad de Alzheimer en el transcurso de unos años.

Entre 2011 y 2013 conseguimos que un total de 1.213 voluntarios con edades comprendidas entre 70 y 85 años, de ambos sexos, y sin deterioro cognitivo se sumarán al proyecto. Una vez incluidos en el estudio, se ha realizado un seguimiento anual durante 9 años, valorando el perfil evolutivo de todos los participantes, e identificando específicamente a aquellos que desarrollen deterioro cognitivo y demencia. Los datos se obtienen con exámenes biológicos de sangre, neuroimagen, entrevista neuropsicológica y cruce con estadísticas sociodemográficas de cada participante.

Ahora mismo nos encontramos analizando este enorme volumen de datos.

Sobre el Proyecto Vallecas, ¿cómo trabajan los investigadores de la Fundación en la identificación de estos marcadores para detectar el Alzheimer precoz?

Uno de los puntos más relevantes del Proyecto Vallecas reside en el seguimiento longitudinal de personas inicialmente sanas a lo largo de varios años durante los que se estudian diversos parámetros, incluyendo una evaluación neurológica y neuropsicológica, una evaluación funcional, un estudio de neuroimagen con Resonancia Magnética Nuclear y el análisis de biomarcadores plasmáticos y de factores de riesgo genético.

Esta estrategia nos permite identificar qué pacientes desarrollarán un deterioro cognitivo o demencia años después y volver a los datos o muestras iniciales (antes de que tuvieran algún síntoma) de personas que evolucionarán hacia una demencia y compararlos con personas que no evolucionan en el mismo periodo de tiempo. Esto nos está permitiendo definir algoritmos como el Vallecas Index, que combina parámetros neuropsicológicos, clínicos, genéticos y demográficos recogidos en el Proyecto Vallecas y que podrían proporcionar una estimación del riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y demencia, diseñado para su uso en atención primaria.

Como sociedad, ¿qué crees que deberíamos aprender sobre las enfermedades neurológicas? ¿Aún sufren los enfermos neurológicos un estigma?

Aunque aún existen otras enfermedades mentales que sí presentan un estigma social, creo que la enfermedad de Alzheimer (probablemente debido a su gran prevalencia) no tiene una estigmatización. Sin embargo, sí es importante concienciar a la sociedad de que se trata de una epidemia creciente de una magnitud inmensa y que debemos poner todas las herramientas posibles para reducir su impacto.

En este sentido, es importante transmitir que, aunque aún no tenemos un tratamiento farmacológico eficaz, sí existen diversas actuaciones que son beneficiosas para prevenir el Alzheimer. Durante estos años, hemos aprendido que la salud cardiovascular, incluyendo una dieta sana, control de la obesidad, la hipertensión y la dislipemia, así como la realización de ejercicio, son importantes factores protectores que ayudan a evitar el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Asimismo, las personas que mantienen una actividad social e intelectual a partir de la mediana edad parecen estar relativamente protegidas del desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. Por ello, es muy importante transmitir la importancia de mantener una vida sana y activa a partir cierta edad.

Por último, ¿Cómo se plantea el futuro de Fundaciones como CIEN? ¿Reciben los fondos que necesitan?

La Fundación CIEN es una entidad pública que depende del Instituto de Salud Carlos III y del Ministerio de Ciencia e Innovación, que financia parte del funcionamiento y los programas de la Fundación. También tenemos un invaluable aliado en S.M. la Reina Doña Sofía, comprometida personalmente con la investigación en Alzheimer y cuya Fundación contribuye financieramente al desarrollo de nuestros programas de investigación.

La investigación científica es fundamental no solo para nuestra salud, sino también para nuestro modo de vida. Lo hemos visto en esta pandemia, con el desarrollo en tiempo récord de vacunas con un alto grado de efectividad para tratar una enfermedad que surgió hace apenas un año. Hay que imaginar cómo serían las perspectivas si no contáramos ya con ese instrumento extraordinario de las vacunas.

Pero con este ejemplo y otros, en realidad, la investigación es una carrera de fondo, normalmente marcada por un desarrollo incremental en el conocimiento, un trabajo a menudo invisible para la ciudadanía, pero que, acumulándose, eventualmente conduce a fármacos o tratamientos. Por eso, es esencial invertir en investigación científica y, sobre todo, contar con una inversión sostenida en el tiempo, que permita formar recursos, tener previsibilidad y una continuidad de proyectos y enfoques.

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