Todos somos conscientes de lo que supone estar realizando una actividad que requiera concentración y tener el móvil al lado: WhatsApp, Twitter, llamadas, YouTube… el móvil es una mina de información que nos atrae irresistiblemente y que nos desconecta con facilidad de nuestras obligaciones. Y cada vez son más los estudios que alertan de los efectos que esto trae consigo en los procesos de atención, memoria y aprendizaje.

Pero la cosa no termina ahí.

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Si nos creíamos que el “daño” se debía exclusivamente al uso del móvil, estábamos equivocados. Y es que un reciente estudio de la Universidad de Texas, en Austin, ha demostrado que el móvil también nos afecta cuando no estamos utilizándolo, por el simple hecho de estar a nuestro alcance.

Y ello incluso cuando esté en silencio o apagado.

En qué consistió el estudio

Este estudio, llamado “Brain Drain: The Mere Presence of One’s Own Smartphone Reduces Available Cognitive Capacity” y conducido por el profesor Adrian Ward, involucró a más de 800 participantes para analizar cómo la mera presencia de nuestros dispositivos móviles afecta a la realización de una tarea cognitiva cualquiera.

Para ello, se dividió a los participantes en tres grupos y a todos ellos se le sometió a una serie de tareas informativas que requerían su plena concentración. La diferencia entre los grupos era la siguiente: el primero tenía que dejar su teléfono móvil boca abajo en el escritorio donde estaba trabajando; el segundo tenía que dejarlo en su bolsillo o en el bolso; y el tercero en una habitación aparte.

Por supuesto, ninguno de los participantes, perteneciera al grupo que perteneciera, podía usar su móvil durante la realización de la tarea. Además, el móvil debía estar en silencio.

Cuáles fueron las conclusiones del estudio

Sorprendentemente, el tercer grupo de personas, que fueron aquellos que pusieron sus móviles en otra habitación, obtuvieron puntuaciones significativamente mejores que el resto de los participantes. En cuanto a la diferencia entre los grupos primero y segundo, aunque la diferencia observada fue pequeña, lo cierto es que aquellos que tuvieron su móvil en el bolsillo o en el bolso, y no al alcance de la vista, obtuvieron mejores resultados.

Ante estos resultados, el profesor Adrian Ward afirmó que existía una relación inversa entre la perceptibilidad del teléfono por el sujeto y su capacidad cognitiva (entendida esta como la cantidad de trabajo mental que se puede realizar en un momento determinado). Justificó esta afirmación diciendo que, aunque la mente consciente no pensase directamente en el teléfono móvil, sí que dedicaba parte de sus recursos cognitivos a “obligarse a no pensar en ello”.

Es como si nuestro cerebro destinase parte de su atención a tener bajo control el móvil, dada la repercusión que tiene este aparato en nuestras vidas (pues de sus “notificaciones” dependen muchas de nuestras acciones y conductas). Y, por ello, al tenerlo a la vista, pero no poder usarlo y tener que concentrarse en otra tarea, el cerebro debe destinar recursos cognitivos para tratar de “eliminar” esa preocupación o deseo de control por el móvil.

Afecta por igual a los adictos y a los no adictos al móvil

El experimento no se quedó ahí. Los investigadores quisieron analizar también cómo influía la variable “adicción al teléfono”, ya que según esta hipótesis no destinaría los mismos recursos cognitivos quien realmente es adicto, a quien no lo es.

Para ello, los participantes se dividieron según su grado de adicción al móvil en adictos y no adictos (en función de unas encuestas) y se repitió el mismo experimento en los diferentes grupos. Los resultados mostraron que aquellos que se consideraban más dependientes obtuvieron peores resultados que los menos dependientes. Pero, y aquí viene lo más interesante del estudio, esta diferencia de puntuaciones sólo se obtenía cuando se comparaban ambos grupos con sus teléfonos cerca. Si se comparaba a ambos grupos con el móvil en otra habitación, no había diferencias.

Este hecho demostró que la diferencia en las puntuaciones entre adictos y no adictos no se debió a una diferencia cognitiva, sino únicamente a la presencia del móvil.

En definitiva, se puede concluir diciendo que el móvil no sólo supone una puerta de entrada a un infernal mundo de distracciones; sino que el móvil en sí ya supone una preocupante distracción.