A inicios de este mes de junio se ha entregado un nuevo Premio Princesa de Asturias. Fue concedido al genetista sueco Svante Pääbo, por sus aportaciones en la investigación de ADN antiguo, sobre todo en especies humanas desaparecidas. Es toda una referencia contemporánea y a él debemos los descubrimientos genéticos acerca de la mezcla entre humanos actuales con otras razas, como la neandertal, sobre todo.

De las momias a su ADN

Él mismo cuenta que un viaje, a los 13 años, a Egipto le dio la pista de iniciar los estudios científicos.

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Así que comenzó a estudiar la historia, cultura y escritura egipcia, llegando a pasar dos veranos en el Museo Mediterráneo de Estocolmo, dedicado a la tediosa labor de clasificar trozos de cerámica. Algo muy importante a la hora de conocer una cultura, aunque requiere grandes dosis de paciencia y entrega. Quizás su edad, unida a sus aspiraciones y a que el segundo año le pareció un calco del primero, fueron los motivos para apartarse de la arqueología y lanzarse a por la medicina.

Así comenzó en la Universidad de Upsala, y se decantó por la investigación. A principios de los ochenta se fue a la Alemania del este para abrir una nueva vía de estudio: la biología aplicada a las momias, la búsqueda de ADN en un antiguo cuerpo embalsamado. Fue tomado por un excéntrico, pero él siguió adelante y, gracias a un trabajo constante y colaboraciones de otros interesados, logró detectar y obtener ADN neandertal, publicó su secuencia completa y abrió una nueva perspectiva de la paleoantropología: el ser humano actual detenta añadidos de ADN de otras especies humanas, ya extintas.

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Una investigación que sigue en marcha

Actualmente, el premiado es director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania). Y continúa sus investigaciones, a la caza de ADN antiguo. Ya no solo se aplica en los fósiles, sobre todo de neandertal, sino que amplió su coto de búsqueda.

Actualmente también busca en los sedimentos de los yacimientos arqueológicos. Una pesquisa difícil, pero que podría deparar nuevas sorpresas en la historia de la evolución humana. Hasta las paredes con pinturas rupestres son foco de su interés.

Sus técnicas de detección y aislamiento de ADN antiguo han mejorado con los años y la experiencia. Sin embargo, tiene claro que los yacimientos con restos humanos pocas veces son fáciles. Generalmente, los antropólogos se encuentran con lugares que han utilizado varias generaciones de humanos, y hasta suele pasar que han pasado dos o más especies diferentes. Esto dificulta la tarea de reconocimiento y diferenciación.

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El jurado valora sus investigaciones y aportaciones revolucionarias

El Premio le llega a Pääbo por sus aportaciones en un nuevo campo que, prácticamente, él inició: la paleogenómica. También por sus revelaciones, que obligan a nuevas perspectivas acerca de la evolución humana. Fue por él que se supo que el Sapiens moderno se apareó con el neandertal. Y no se descarta alguna especia humana más ya desaparecida. Hasta no hace tantos años, todavía en este nuestro siglo XXI, se pensaba que todas las especies humanas habían evolucionado separadamente.

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Y se atribuía la desaparición del neandertal al encontronazo con el africano Sapiens.

Su candidatura se enfrentaba a otras 37, de 23 países diferentes, y el premio le llega con una aportación de 50 000 euros. Cuando recibió la llamada para informarle del premio, el genetista sueco no se lo esperaba.

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