Muchas personas se sienten hoy día, abrumadas por el ritmo trepidante de sus vidas y se inclinan cada vez más, en busca de una solución natural y disponible que les ayude a recuperar su autonomía y sosiego mental. Otros, quizás aspiren a encontrar un lugar más personal o espiritual desde donde recogerse de las exigencias sociales y culturales sin tener que responder a modelos religiosos con los que ya no se identifican. Para todos ellos la meditación constituye una alternativa deseable y única, y una solución real a la presión que suponen sus vidas.

Algunas personas con escasa información sobre el tema consideran que la #Meditación es una pérdida de tiempo, un invento de los gurús de la nueva era, o en el mejor de los casos una técnica que no está hecha para ellos.

Asumen ideas estrambóticas y poco realistas sobre la meditación que les llevan a creer que tienen que sacrificar algo de sus vidas para poder obtener esa paz tan prometida por los antiguos maestros.

La curiosidad de la ciencia

Afortunadamente, el genio inquisitivo de los científicos les ha movido a realizar sus propias investigaciones adentrándose en el tema desde una perspectiva radicalmente objetiva y atenida a los hechos. Es así que la #neurociencia se abre camino como campo de estudio para conocer las funciones del sistema nervioso y sus implicaciones en el comportamiento humano. Este campo ha realizado importantes avances en el conocimiento de los efectos que la meditación tiene en el cerebro y el cuerpo humanos.

El Dalai Lama abrió un interesante debate entre la ciencia y la espiritualidad, instando a un grupo de científicos de la Sociedad de Neurociencia, en Washington D.C en 2005.

La propuesta del #Dalai Lama instó a los investigadores a encontrar la relación que existe entre la ciencia moderna y el budismo. Este debate fue la antesala a una serie de estudios y experimentaciones de resultados asombrosos, que han dado a conocer de forma verídica ante la opinión pública qué es lo que realmente sucede en nuestro cerebro cuando estamos meditando.

La mente prodigiosa

Un estudio que llevaron a cabo los científicos de la Universidad de California en Los Ángeles, Estados Unidos, para buscar la relación entre el cerebro y la meditación descubrieron que la práctica de la meditación regular, a lo largo de un extenso período de tiempo es capaz de generar una capa de células más gruesa en la corteza cerebral. También encontraron que en los meditadores habituales se habían desarrollado un número superior de sinapsis o conexiones neuronales, del que aparece en los cerebros de los no meditadores.

Otra investigación acerca de la plasticidad del cerebro humano comprobó que el cerebro de los meditadores era capaz de restablecer la comunicación perdida entre neuronas, por cualesquiera causas, incluso aunque las neuronas mueran, permitiendo al cerebro restituir capacidades que antes se creían perdidas.

El engrosamiento del córtex o corteza cerebral es para los investigadores una evidencia física y científica del restablecimiento de las conexiones neuronales perdidas, en casos como accidentes.

El estudio realizó resonancias magnéticas entre un grupo de individuos que practicaban la meditación desde hacía más de 20 años y una base de datos de resonancias de individuos de las mismas características, de edad y sexo que los meditadores, pero que no habían realizado nunca una práctica de meditación.