Debido a los horarios lectivos de los institutos que tienen que seguir los adolescentes, estos se ven obligados a vivir en un “jet lag” de forma permanente.

Por esa razón, muchos expertos señalan que es necesario adecuar la horas de aprendizaje dependiendo del reloj cronobiológico del estudiante para poder aumentar, mínimo en un punto, el rendimiento escolar y reducir los problemas de conducta que se están haciendo habitual en los centros escolares.

El horario de clases va en contra del reloj biológico de los alumnos en edad adolescente

La realidad es la que es: a las ocho de la mañana, cada día a lo largo del calendario escolar, miles de estudiantes en edad preadolescente y en plena adolescencia que están realizando la ESO y el Bachillerato deben entrar en las aulas para llevar a cabo las lecciones de las asignaturas que deben aprobar.

Los alumnos se ven obligados a llegar a las aulas todavía con sueño, medio aletargados y, en muchas ocasiones, más dormidos que despiertos.

Esto les repercute negativamente en su rendimiento escolar.

Los estudiantes se ven obligados a hacer una jornada que, como mínimo, llega hasta las dos y media y no comerán hasta las tres de la tarde en la mayoría de los casos. Está siendo así desde hace años y parece que seguirá siendo así si nadie da un paso adelante y cambian los horarios escolares.

El problema, según han señalado varios expertos, es que este tipo de horarios van completamente en contra del reloj biológico que tienen los adolescentes, lo que implica que los alumnos sientan que están en medio de un jet lag de manera permanente, por lo que tienen problemas de rendimiento y de salud.

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Al comer a las tres de la tarde se retrasa el resto de actividades, incluso la hora de irse a dormir, lo que implica que llegan a clase con sueño

Por culpa de este horario de ocho de la mañana hasta las dos y media de la tarde, con suerte los alumnos comen a las tres de la tarde y eso lo que implica es un retraso en las horas de estudio, en la merienda, en la cena y, con ello, en un retraso en la hora de irse a dormir.

Al final, la consecuencia directa es que los estudiantes tienen la sensación de estar en un jet lag de forma continua.

Cada vez más pediatras apuestan por un cambio en el horario escolar y por una racionalización de los tiempos, sobre todo en los alumnos que están inmersos en los últimos cursos de la secundaria y el Bachillerato.

Está demostrado que durante la adolescencia hay un retraso de fase, lo que significa que el reloj biológico también se atrasa y los jóvenes suelen quedarse dormidos más tarde.

O sea, que con el actual horario lectivo se estaría llevando a cabo justo lo contrario de lo necesario.

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