El capitán Dickson tenía 33 años cuando realizó la hazaña del puerto de Alicante. Faltaban solo dos días para que la Guerra Civil española terminara. El buque que traslada carbón contaba con una tripulación de 24 personas. Dos letrinas y alimento para esas 24 almas era todo con lo que contaban. Sin embargo, según las cartas del propio capitán, recibió la orden de embarcar aquella noche del 28 de marzo de 1939, cerca de ciento cincuenta personas.

Sin embargo, en el país habían corrido dos rumores por igual.

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Tan certeros como demoledores. Las tropas nacionales vencían y en las próximas horas harían su entrada triunfal en Alicante. También había corrido la voz sobre la misión del Stranbook, por lo que sobre las 19 horas el puerto alicantino se llenó de personas esperanzadas por salvar la vida.

Familias enteras con apenas lo puesto comenzaron a abarrotar el lugar por el que debían ingresar los tripulantes y el centenar de refugiados.

Lograron subir cerca de tres mil personas, entre ellas muchos niños. El capitán dio la orden de esperar, porque de levantar amarras y partir, miles caerían al mar y morirían.

Llegaron a Orán algunos días después. Los que no pudieron subir al Stranbook, quedaron esas 48 horas siguientes a la espera de que algún otro buque pudiera rescatarlos. Con el fin de la guerra se convirtieron en los primeros prisioneros del campo de concentración de Alicante.