No necesita presentación la revista satírica francesa Charlie Hebdo, capaz de meterse con todo y que sufrió un atentado yihadista en enero de 2015 que acabó con una parte importante de su plantilla de colaboradores, incluido Charb, el director.

Tampoco nadie olvida su tendencia a satirizar todo lo que encuentra, sin caer jamás en si es sagrado o no. Por ello, su Sátira de la muerte del niño sirio en las playas de Turquía no fue nada bien recibida por quienes lloraron el asesinato de sus diez componentes.

Ni tampoco cuando convirtió la desgracia de los muertos por terremotos en Italia en un humor negrísimo a base de relacionar platos de pasta con las víctimas (llamaron lasaña a un edificio derrumbado con víctimas dentro).

Pero la mayoría sabe que nunca se casa con nadie, que dice lo que los políticamente correctos no se atreven a decir, y lo dice, aunque se gane enemigos a punta pala.

Charlie Hebdo se exportó a Alemania

Hace un año, los responsables de Charlie Hebdo decidieron probar suerte en otros países, donde pensaban que su estilo irreverente y radical cuajaría sin problemas. No, no fue en EE. UU., donde nunca ha sido aceptada del todo y donde se vio mal que recibiera un premio a la libertad de expresión. Fue en la vecina Alemania, país también cultivador de humor satírico y que ha sabido incluso reírse del nazismo que dejó un gran trauma en el país, que todavía no ha sido superado.

Pero hace unos días, en su último número, dejaban este aviso a sus lectores germanos que seguramente no les habrá dejado muy contentos: “Como sabéis, en Charlie nos encantan las sorpresas. Y tenemos dos noticias que anunciaros hoy, una buena y la otra mala…” Y les comunican que la mala noticia es que “es el último número de la versión alemana de Charlie Hebdo”.

La decisión de los responsables alemanes de la revista es que no se ha llegado al número de lectores mínimo para que sea rentable.

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Ese mínimo eran 10.000. Y no se ha llegado al mismo. Por ello, han decidido cerrar la revista en dos semanas. Por supuesto, se seguirá con la edición francesa, la genuina.

No sabemos si es por que su estilo no ha cuajado entre los alemanes, o por que en el fondo sea algo muy francés, y por lo tanto, como todo lo que pasa con las peculiaridades de cualquier país, sea difícilmente exportable.

España tuvo otra efímera imitadora de otra revista satírica francesa

Recordamos cómo hace tres décadas, otra mítica revista satírica francesa, Le Canard Enchainé, probó suerte en España con El Cocodrilo, que funcionó más o menos bien, y pese a tener a maestros del humor como Chumy Chumez, sólo duró dos años (1984-86).

Se editaba igual que el original francés, ocho páginas en formato sábana, y sin admitir publicidad, igual que Le Canard Enchainé, que así conservaba su independencia editorial. La sátira y las exclusivas mordaces de la edición francesa no eran tan duras en la española, lo que motivó que no acabara de cuajar.

O por que cuando tocaba temas delicados, la Justicia le paraba los pies, como cuando publicó un artículo en el número 86 sobre ciertas partes íntimas del Rey Juan Carlos I. Por ello, sólo duró hasta casi el centenar de números.