La serie “Merlí” continúa su triunfal andanza en TV3, con nuevo éxito de audiencia y también con su legión de fans universal, que la sigue sin decaer, más allá de polémicas puntuales que apenas tienen peso en sus tramas, como la de la profesora independentista, que sólo muestra algo que hoy es normal.

Casi acabando el capítulo, ocurrió algo que todos los fans de la serie deseaban en miles de tuits: que Bruno y Pol se liaran de nuevo. Deseaban eso mucho más que el resto de tramas o subtramas amorosas de cada capítulo. Fue cuando Bruno ponía la mano en la pierna de Pol. Éste decía: “No tengo ganas de jugar”, y Bruno decía que sí.

Como no conocemos todavía a su novio italiano, con el que se comunica por Skype, seguramente los fans desean que le diga Arrideverci y comience, esta vez de verdad, una pareja estable con Pol.

Pero los guiones abrieron otra alternativa: la madre de Ivan contrató a Pol como camarero en su bar a media jornada, y hemos visto cómo ella parece alterarse sexualmente al ver al chico sin camiseta. Como la serie carece de prejuicios claros, habría lío entre ellos a la vista. Y más viendo que el de ella con Merlí al acabar la primera temporada fue sólo eso, un lío de una noche.

Más nos sorprendió que Toni, el director del Instituto Ángel Guimerá, viudo y severo, sugiriera a Gina, la actual pareja de Merlí, quedar para tomar algo, con la excusa de que él es el director y ella la Presidenta de los Padres de Alumnos.

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Y que al final acabara la cosa con un festival de besos entre ambos, casi devorándose como en la canción. Gina podría así vengarse de la mentira de Merlí al comenzar el curso a ella, el decirle que se fue a Roma con Bruno, cuando ni siquiera se movió de Barcelona.

Gerard, el propio hijo de Gina, consigue enrollarse con Oksana, la alumna sexy del instituto, para la cual no existen prejuicios. Y como nos imaginaremos, ella llevó la iniciativa en todo momento, casi comiéndoselo vivo. Es la manera de que el chico olvide a Mónica, cuya ruptura con ella le atormentó durante las vacaciones.

¿Y Merlí? En este capítulo, él ha quedado en plan secundario, aunque no crean que no hizo una de las suyas: como su madre, la Calduch, quiere echarle de casa, se inventó un falso examen médico cuyo diagnóstico sería que él padece una grave enfermedad. Al final, él confiesa a su madre y a Gina la verdad, cosa que ofende a ambas. Ello explicaría lo que hizo Gina con Toni. La Calduch se vengó a su manera: como buena actriz de teatro, se inventó que Merlí era hijo de una prostituta francesa, en vez de ella.

Por primera vez, veíamos a nuestro hombre inseguro, desprovisto de su coraza de tipo seguro-impasible-misántropo, tanto en su dolorosa confesión a su madre como en la peculiar venganza de ella.

Todo ello bajo la influencia de Emmanuel Kant, el filósofo del capítulo, que defendía que la mentira no servía, que se debía decir la verdad hasta las últimas consecuencias, lo que rebatían los alumnos de Merlí diciendo que a veces hace falta mentir. Y en este capítulo veíamos distintas maneras de mentir o de decir la verdad si se podía. Buena idea de los guionistas de dar más cancha en esta temporada a la Calduch, ya que el teatro ha sido muchas veces igual que la filosofía, con estupendas obras que no tenían nada que envidiar al gran Aristóteles.