Te parecerá una obviedad decir que el buen tiempo anima a cualquiera. Sin embargo, no es siempre así, ya que el aumento de las horas de luz solar del verano activa el cerebro manteniéndolo en un permanente estado de alerta, que algunas personas no toleran.

Lo mismo ocurre con los días de mucho viento. Al descender la sensación térmica aquellos que padecen afecciones óseas experimentan un agravamiento de sus síntomas.

¿Huimos de la oscuridad?

El influjo y repercusión de las condiciones climatológicas sobre el comportamiento individual y grupal cuenta con abundante bibliografía. Particularmente es así en el caso de la disminución de la claridad que caracteriza al invierno.

El SAD (Seasonal Affective Desorder) o TAE (trastorno afectivo estacional) está clínicamente reconocido como un tipo de depresión recurrente con la llegada del otoño-invierno y que remite cuando se instaura la primavera y los días son más cálidos y luminosos.

Según la prestigiosa Clínica Mayo de EE.UU. el TAE se sintomatiza, además de por la tristeza y la evitación de la interacción social, con la pesadez en brazos y piernas, la urgencia por consumir carbohidratos, la somnolencia y los continuos olvidos. El enfermo se halla en un estado de letargo que solo mejora con la liberación de serotonina que provoca la exposición a la luz solar.

El desajuste en el ciclo circadiano ocasionado por la reducción de las horas de sol, propio del invierno, y la bajada en el nivel de melatonina, un compuesto químico cerebral directamente vincluado con la emotividad y el sueño, parecen ser sus principales desencadenates.

¿Y qué ocurre con el ascenso de las temperaturas?

Se sabe que la oscuridad relaja y que provoca cierta melancolía o tristeza. Por contra, el aumento de las horas de luz nos energiza haciéndonos sentir más alegres. No obstante, esa activación que la luz ejerce sobre el cerebro genera que algunas personas se sientan amenazadas y ansiosas.

De hecho, algunos tipos de depresión presentan fotofobia y quienes lo sufren se afanan en resguardarse del sol cerrando ventanas o refugiándose en cuartos oscuros .

Pero, ¿qué se ha concluido con respecto a las variaciones en la temperatura? La Universidad de Berkeley, en California, revisó, no hace mucho, más de 60 estudios ya publicados sobre esta materia y constató que las altas temperaturas, así como los extremos en las precipitaciones elevan el riesgo de conflicto en un 14 %.

Ante el anunciado advenimiento del cambio climático el panorama es algo desconcertante. ¿No crees?

La Universidad de Munich, por su parte, sometió a estudio a 67 países para correlacionar su climatología con la percepción de la felicidad de sus habitantes. El resultado fue que el aumento de la temperatura en los meses más fríos era bien recibido mientras que ese mismo aumento en los meses cálidos suscitaba Agresividad.

También afecta al sexo

Tanto el incremento de las horas de sol como el de las temperaturas estimula la liberación de las hormonas sexuales. Circunstancia que explica que durante el verano estemos más predispuestos o receptivos al contacto físico.

Como ves, aunque no seamos conscientes de ello, no podemos escapar al alcance de los condicionantes meteorológicos sobre nuestros compuestos bioquímicos.

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