El considerado como el “padre de la nación” sudafricana o el “padre fundador de la democracia” en Sudáfrica falleció el pasado 5 de diciembre del 2013, a la edad de 95 años, dejando un legado único que todavía hoy en día influye en millones de personas.

La lucha por la reconciliación de las distintas razas y por el fin definitivo del apartheid han sido las claves de su vida.

Una vida que ha sido de película

Todo ello hizo que sea considerado una auténtica “autoridad moral”, a pesar de que otros líderes como Margaret Thatcher le consideraron al frente de una organización violenta o las acusaciones que sufrió de haber sido un terrorista y un comunista por algunos ciudadanos de su país.

También fue muy criticada su amistad con personalidades como Fidel Castro, Akbar Hashemi Rafsanjani, Muamar el Gadafi o Suharto y que nunca considerase las acusaciones que existían sobre ellos de violaciones de los Derechos Humanos como ciertas no fue visto con buenos ojos por varios sectores.

Nelson Rolihlahla Mandela pasaría a la historia por ser abogado, luchar contra el apartheid y por lograr la presidencia de Sudáfrica entre los años 1994 y 1999 (pasando a la historia por ser el primer presidente de raza negra que estuvo al frente del Poder Ejecutivo del país y por haber sido elegido por sufragio universal).

Durante sus años en la Presidencia se centró en acabar con el apartheid luchando contra el racismo en las instituciones, la desigualdad social, la pobreza y por promover la reconciliación en la sociedad.

Se consideraba nacionalista africano y marxista, logrando la Presidencia del Congreso Nacional Africano entre 1991 y 1997, y siendo secretario general del "Movimiento de países no alineados" entre 1998 y 2002.

Siempre orgulloso de sus orígenes: procedía del pueblo xhosa y de la parte real tembu. Ya desde joven se interesó por la política Anticolonialista, formando parte del Congreso Nacional Africano y creando La Liga Juvenil.

En 1961, influenciado por el marxismo, entra en el Partido Comunista Sudafricano (SACP) y estuvo al frente de la organización guerrillera “Umkhonto we Sizwe” o “La lanza de la Nación”. En 1962 fue acusado de conspiración para derrocar al gobierno y tras el Proceso de Rivonia fue sentenciado a cadena perpetua (aunque estuvo 27 años en la cárcel -primero en la isla de Robben y, después, en las prisiones de Pollsmoor y de Victor Verster, hoy en día, lugares de interés turístico-).

Fue mediador en distintos conflictos como el del juicio por el atentado al vuelo 103 de Pan Am entre los gobiernos de Libia y Reino Unido.

Recibió todo tipo de premios por su lucha a favor de la paz

Por todo su trabajo recibió más de 250 menciones honoríficas, entre ellas el Premio Nobel de la Paz, el Premio Lenin de la Paz o la Medalla Presidencial de la Libertad.

Tras retirarse de la vida política se dedicó a la caridad y a luchar contra la pandemia más grave de la historia de su país: el SIDA (uno de los hijos mayores del propio Mandela falleció a causa de la enfermedad).

En su país recibió durísimas críticas por no luchar contra el SIDA durante sus años como presidente del Gobierno, y es que en 1999 ya el 10% de los sudafricanos eran VIH positivo.

Un hombre que es parte de la historia moderna y que fue un ejemplo de dignidad y lucha.

El 18 de julio del 2018 hubiera cumplido 100 años en una época complicada y todavía no se ha logrado el tan deseado “renacimiento africano” ni se han solventado los conflictos a través de la reconciliación y la democracia, como él había deseado.

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