Del Cardenal Cisneros siempre se recuerda que fue un hombre capaz en política, llegando a ser regente en dos etapas, y que potenció la creación de la Universidad de Alcalá de Henares. El hispanista Joseph Pérez le llegó a denominar como "el mayor hombre de Estado que ha tenido España en su Historia".

El cardenal Cisneros, nacido en el pueblo madrileño de Torrelaguna, además de un histórico dirigente también fue un religioso convencido. Sin embargo, su lado desconocido siempre permanece oculto, ya que no se vería favorecido si su figura es analizada con la concepción actual.

Este cardenal fue el tercer Inquisidor General entre 1507 y 1517 en Castilla.

Hay que tener en cuenta que hasta 1530 se produjo una fuerte persecución a los judeoconversos, donde las denuncias, torturas y hogueras estaban a la orden del día desde que los Reyes Católicos instauraron la Inquisición en 1478 con ciertas particularidades que la hacían diferente a la de los diferentes reinos de Europa.

Su faceta como inquisidor ha pasado muy de puntillas a la Historia, ya que cubrió sus espaldas con la imagen de reformador de la iglesia en España y con su pretensión de crear en Alcalá de Henares una universidad políglota.

La conquista de Orán, una campaña para contentar al rey

Otro acontecimiento con el que estaba directamente relacionado el cardenal Cisneros fue la campaña militar que tenía como objetivo tomar la plaza de Orán (Argelia) en 1509.

Financiada de su bolsillo y bajo la perspectiva de Cruzada, se lanzó con 19.000 hombres a la conquista de esta ciudad del norte de África.

Tras tomar el puerto de Mazalquivir, fueron directos a la ciudad de Orán, donde el cardenal Cisneros era el capitán general de la expedición. La plaza no opuso mucha resistencia y solo contó con 30 bajas de las tropas españolas.

Según cuenta Joseph Pérez, el ataque de Orán finalizó en menos de dos horas, que es lo que tardó el cardenal en alzarse con la victoria.

El resultado fue el saqueo de un suculento botín que contaba con monedas, plata, sedas lujosas, piedras preciosas y esclavos. Se contabilizan unas 4.500 víctimas del lado musulmán, contando a civiles que fueron masacrados durante la toma de Orán.

El cardenal Cisneros entró en la plaza triunfante, con una espada ceñida en su hábito religioso como si de un adalid de la cristiandad se tratara.

Quizá sea la imagen que mejor refleja ese otro lado de este religioso, tan importante para la política, pero también temido.

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