En Italia, la mafia implantó un sistema en el que los proxenetas ampliaban el negocio a pisos particulares para despistar a la policía y actualmente, España ha copiado este sistema.

Hace años, cuando se captaban a mujeres de otros países para ser explotadas sexualmente en España, se les indicaba que iban a desarrollar el trabajo en salas de fiestas que en realidad eran burdeles. En la actualidad, a las mujeres que van a ejercer la prostitución se les dice que van a ir a pisos particulares.

Además, se les insiste en que así su seguridad es mayor y que están protegidas de redadas. Y es que, tras imitar el sistema de la mafia italiana la policía tiene serias dificultades para controlar esta actividad ilegal porque al considerarse vivienda, los pisos son de uso particular.

El negocio de los pisos particulares se instala en la prostitución

La forma en la que funcionan estos pisos es sencilla y económicamente muy rentable.

El primer paso a seguir es realizar el alquiler de la vivienda a nombre de una persona de confianza de la organización. Esta persona es habitualmente una mujer que ya fue víctima en el pasado. De esta manera, se aseguran que conoce las debilidades de las nuevas victimas.

Las mujeres captadas llegan directamente a las viviendas desde su país de origen. Además, en los pisos es más fácil controlarlas y aleccionarlas que si trabajan en salas de fiesta o burdeles.

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Una vez que estén enseñadas pasarán a los burdeles.

A las viviendas también acuden mujeres por libre porque se encuentran con problemas ilegales. Habitualmente alquilan habitación y la compartirán con dos o tres mujeres abonando 250 euros semanales más un 50% del importe de los servicios prestados a los clientes. Con el importe restante las mujeres deben pagarse la comida.

Si en algún momento el piso es un problema por las quejas de los vecinos, se abandona y se busca otro en la misma zona para seguir con el negocio. Lo realmente importante es el número de teléfono para que los clientes no pierdan el contacto.

El futuro después de los pisos de prostitución

Tras "formar" a las mujeres se les pasa a clubes. Es un negocio rentable porque una vez allí los ingresos están asegurados. Es tal la rentabilidad de estos locales que la nacional 301 es llamada la "carretera del amor". Al pasar por Cuenca, se puede observar seis clubes. La nacional IV en el tramo que va desde Valdecañas a Madrid es otro ejemplo.

Se estima que las mujeres son explotadas en los locales durante tres años como máximo.

Después, volverán a los pisos, pero no como al principio, sino como mercancía obsoleta mientras estas mujeres terminan el ciclo de prostitución en pisos, otras, lo comienzan.

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