El pasado domingo miembros de la caravana migrante intentaron finalmente cruzar la frontera hacia los Estados Unidos tras un árduo y largo trayecto por México. Dicha travesía no solo estuvo caracterizada por las adversidades físicas que representa recorrer todo un país en calidad de migrante. Tuvieron ayuda ofrecida por algunas instituciones de gobierno mexicanas y varios ciudadanos. Pero de igual manera, se dieron comportamientos agresivos por parte de algunos sectores de la sociedad mexicana, endurecidos, sobre todo, por actitudes nefastas de algunos pocos migrantes que fueron virales en redes.

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Dicho intento de entrar a los Estados Unidos desembocó en actos de represión y violencia, un hecho poco sorpresivo ante la firme postura del presidente estadounidense Donald Trump de reforzar la seguridad en la frontera con México, incluso con miembros del ejército.

Gases lacrimógenos y balas de goma fueron algunos de los medios para detener el paso de los centroamericanos, después de considerar que quisieron cruzar "de manera violenta". Tras estos sucesos, el Estado Mexicano, a través de la Secretaría de Gobernación, confirmó que deportaría a 500 personas.

La migración como precursor de la derecha extrema

Antecediendo esta situación, durante su paso por México, la violencia contra la Caravana Migrante ya comenzaba a gestarse, sobre todo en redes sociales. Términos como "delincuentes", "violadores" o "huevones" destacaban entre los pronunciamientos de mucha gente, además bajo la consigna de que se regresaran a sus países. Este discurso nos remonta, indudablemente, a los dichos de Donald Trump cuando manifestó su intención de ser candidato a la presidencia de los Estados Unidos refiriéndose de manera similar hacia los mexicanos.

Actualmente la migración ha sido una detonante en el ascenso de las posiciones de extrema derecha alrededor del mundo. Lo que se conoce actualmente como "populismo de derecha" cuenta con esa connotación: una retórica que pone en el centro a los migrantes y el supuesto riesgo que representan para el sistema político, económico, social y cultural de las naciones. Esto quiere decir que a ellos se les responsabiliza de ciertas confrontaciones políticas y crisis de inseguridad por su condición de ilegales o supuestos actos de delincuencia, de ser un daño para la economía al quitar puestos de trabajo o vivir del Estado, o de romper con las costumbres y tradiciones, por ejemplo, en el ámbito religioso, imponiendo otros estilos de vida.

En síntesis, se trata de un nacionalismo extremo temeroso de la diversidad, de lo que es "diferente", como es el caso de los migrantes, haciendo hincapié en la xenofobia y políticas con esta orientación. Algunas de las manifestaciones más destacadas en el mundo, en cuyos países se aprecian grandes flujos migratorios, son evidentemente el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump; el ascenso de la Primera Ministra británica, Theresa May, en el marco del Brexit; el fortalecimiento como tercera fuerza política del partido ultraderechista alemán, Alternativa por Alemania (AfD); y muy recientemente la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil.

Cabe destacar que este giro se ha dado en estados que gozan de un alto protagonismo en el escenario global y tienen la oportunidad de orientar la política internacional en la dirección que prefieran.

Perspectiva para México

De manera desafortunada, México ya ha dado un primer paso hacia esta situación. A pesar de que el gobierno recientemente electo, encabezado por Andrés Manuel López Obrador y MORENA, cuenta con una ideología totalmente opuesta, siendo una izquierda progresista y manifestando su intención de tenderle la mano a los migrantes, podría abrir la posibilidad de que surja una nueva oposición de extrema derecha, de igual manera ante la debacle de los partidos tradicionales, otra causante del fortalecimiento de estas fuerzas políticas. Y aunque había prevalecido la inexistencia de estas orientaciones en Latinoamérica, la llegada de Bolsonaro en Brasil podría fungir como un referente en la región.

Será importante seguir de cerca el desarrollo de estos hechos, ya que todo dependerá de cómo continúe el comportamiento de aquellos que critican a los migrantes. El discurso de rechazo podría nutrirse más si las políticas del nuevo gobierno entrante son de ámplia apertura a la migración, ofreciendo opciones accesibles de empleo y vivienda. Ante estas circunstancias solo faltaría un personaje que capitalizara toda esa corriente y conduzca el nuevo movimiento. Después de la gran caída de los partidos tradicionales, no sería ninguna sorpresa si esta persona proviene de sus alas más conservadoras.