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Vivimos en una sociedad donde la Educación está regida por normas, etiquetas, competiciones y contradicciones. Dentro de lo que cabe, no nos podemos quejar del sistema educativo de España en comparación con el de muchos otros países del mundo. Sin embargo, en materia educativa, no debería entrar en juego el conformismo. Es imprescindible ser conscientes de nuestras carencias y limitaciones e intentar mejorarlas. Algo no funciona bien, si España, según datos de Eurostat, es el segundo país con tasa de abandono escolar más alto de la Unión Europea, por detrás de Malta.

Nos califica desde que somos niños

Desde que somos pequeños, nos evalúan con calificaciones numéricas respecto a ciertas habilidades, denominadas asignaturas.

Lengua, matemáticas, sociales, etc. En muchos casos nos hacen creer que "valemos" si superamos adecuadamente estas pruebas y exámenes. Si no las superamos, recibimos castigos, reprimendas y mensajes desmotivadores por parte de profesores y padres.

Actualmente, se extiende el auge de una tendencia que expresa una mayor rebelión por parte de los padres hacia el sistema educativo actual . Después de una jornada escolar de muchas horas, consideran que los niños terminan exhaustos después de tantos deberes.

Nuestra educación tiende a la generalización y se rige por lo que se considera que es "normal". Y lo "normal" tiende a aislar a muchas personas. Quizás los que tengan claro que desean ser ingenieros, empresarios, abogados, periodistas... se encuentran cómodos y motivados para superar todas estas etapas.

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Pero incluso estos afortunados encuentran contradicciones.

¿Alguna vez estudiar te ha causado ansiedad, depresión o ganas de llorar ? ¿Has sentido dudas, desmotivación o ganas de abandonar mientras estudiabas lo que creías que te encaminaría a tu sueño profesional? ¿Tienen más éxito en la vida aquellos que sacan las mejores notas en el colegio? Por el contrario, ¿por qué muchos de los que triunfan son aquellos que han fracasado en el ámbito escolar? ¿Cómo explicamos que una persona es capaz de superar una carrera que sólo unos pocos son capaces y, sin embargo, lejos del éxito, tienden al fracaso profesional y personal? ¿Has terminado la carrera con la sensación de que no estás preparado para desarrollar un trabajo profesional?

La respuesta a estas preguntas se resume en la existencia de las "inteligencias múltiples". "Se refieren a las diferentes habilidades que puede desarrollar una persona. Nuestra cuestión principal, es plantearnos qué habilidades desarrollamos en nuestro sistema educativo.

Quizás estudiar páginas y páginas de libros, memorizar, acumular información y soltar toda la información en los exámenes para luego olvidar no sea el mejor método, desarrolle pocos tipos de inteligencias y deje atrás muchas habilidades.

Muchos hemos tenido la capacidad de afrontar este sistema educativo sin problemas.Sin embargo, muchos niños, por ejemplo, no tienen esta capacidad de memorizar y eso no significa que sean tontos. Significa que no encuentran sus motivaciones para ello porque claramente no están dentro de este método.

La era de las nuevas tecnologías en la educación

Actualmente vivimos en una era de las nuevas tecnologías, donde toda la información se encuentra en internet y todos podemos acceder a ella. Por tanto, la verdadera tarea de la escuela debería ser enseñar a nuestros hijos a vivir, a afrontar problemas, a que sepan tomar sus propias decisiones y elecciones desde pequeños y a disfrutar del aprendizaje. Todo esto queda recogido en la inteligencia emocional, que igual no es la más valorada, pero sí la más útil en nuestra vida cotidiana.

La inteligencia emocional trabaja la introspección, el conocimiento de uno mismo, la habilidad de controlar sentimientos impulsivos, de trabajar con nuestras emociones y ser conscientes de ellas, la habilidad de tomar decisiones. Cuando nos conocemos a nosotros mismos podemos desarrollar otras capacidades como la motivación, la capacidad de escuchar a los demás y la empatía. Esto no quiere decir que se descarten las habilidades cognitivas, que obviamente son necesarias. Simplemente consiste en encontrar la forma de aunarlas.

Creatividad y naturaleza son parte de este sistema

Esto conlleva la apuesta por un sistema educativo que desarrolle las ganas de aprender que se incentiva desde la temprana edad a través de la imaginación, la creatividad, a través del juego, a través de la curiosidad, tareas que nos hagan pensar, debatir y nutrirnos de diferentes visiones, crear una conciencia social, desarrollar las habilidades sociales y el trabajo en equipo, aprender a ser autónomos y a despertar los sentidos.

Conectar con la naturaleza, con el mundo, con las personas o con nuestras motivaciones y habilidades. Que no nos enseñen, que nos abran muchas puertas y que nos inciten a aprender por nosotros mismos. Incluso, que nos inciten a construir un criterio propio aunque conlleve rebelarse ante normas. Tareas necesarias que nos preparan para afrontar el mundo real. A partir de esta premisa, podemos encontrar e indagar sobre nuestras habilidades o tendencias que nos gustaría desarrollar profesionalmente. Porque no todo el mundo tiene claro desde los diez años que quiere ser médico.

No es lo mismo estudiar una flor en la página de un libro que estudiar una flor en el bosque. No es lo mismo estudiar un texto que hacer pensar y debatir sobre él. No es lo mismo enseñarme a realizar un caso práctico que estudiarme de memoria los autores y métodos que utilizan y, a continuación, soltarlo en el examen. Bastaría con leérmelos y crear mi método práctico más adecuado. No es coincidencia que una asignatura me interese más dependiendo de la actitud del profesor. A nadie nos gusta sentarnos en clase a que nos lean diapositivas. No es lo mismo que me impongan la hora de comer, que me sirvan la comida y volver a clase a regañadientes. A que yo decida, con seis años, a qué hora como, yo caliente mi comida y me sepa incorporar a mi mesa de trabajo sin que nadie me me lo ordene. En definitiva aprender a ser consecuentes con las responsabilidades, a ser autónomos e independientes. No es necesario sufrir para aprender. No son necesarias las etiquetas desde pequeños. Y no lo digo yo ni una utopía, lo demuestran los países nórdicos.

Un niño puede tener muchas habilidades ocultas

Un niño puede tener principios de hiperactividad o déficit de atención, pero puede potenciar otras habilidades mejor que otros. Puede ser un gran filósofo, un gran pintor o un gran artista. Muchas veces el no aceptarse a sí mismo crea enfermedades más graves que las que tenemos. La diferencia no siempre es negativa, muchas veces es diversidad, otro punto de vista que aportamos a nuestro aprendizaje. La "normalidad" está sobrevalorada. Lo que no podemos permitir es hacer ver que las diferencias relativas son enfermedades y desembocar frustraciones sin sentido y anticipadas en los niños. Podemos mencionar a grandes genios con fracaso escolar.

Los profesores de Einstein consideraban que era un poco lento y reflexionaba demasiado antes de responder a una pregunta. No entendía las normas ni podía aprender cosas de memoria. Hawquing vivió la universidad como un periodo de aburrimiento y desmotivación. Su enfermedad fue lo único que le motivó a activarse. Darwin, considerado por sus profesores por debajo del umbral de inteligencia, vago y soñador. Y así, podríamos enumerar cientos de casos.

En conclusión, si desde la niñez aprendemos a conocernos, a mostrar sentimientos, a empatizar, nos aceptaríamos a nosotros mismos y entenderíamos a los demás. Quizás si el ingeniero náutico que está condenado al fracaso personal y profesional hubiese desarrollado estas capacidades desde pequeño, hubiese alcanzado el éxito.Y quizás el artista que fue al colegio y suspendía, no ha podido descubrir que es el mejor haciendo esculturas y se cree que no sirve para nada. Quizás un experto en economía no sea capaz de liderar su propia empresa.

Otros problemas en la educación

Quizás, problemas como él bullying, el fracaso escolar, trastornos de la conducta o la adicción temprana a sustancias existirán en menor medida. Quizás a través de esta educación la corrupción o la violencia de género disminuirían. Al fin y al cabo, un país y la mentalidad general de las personas del mismo no es algo aleatorio: es el reflejo más fiel de nuestra educación.

Quizás yo sea una soñadora. O quizás haga falta gente más soñadora y empática que piense de esta manera para construir un mundo mejor y una sociedad donde tengan cabida más personas válidas, creando un país más eficiente y competente. Quizás, uno de los problemas es que los que tienen esto en las manos en nuestro país, independientemente de ideologías, tienen otros intereses, unos más personales, y no se plantean estas cosas; reflejo de su escasa inteligencia emocional y empatía. Quizás los que tienen esta materia en las manos en Noruega sí se lo plantean. Quizás esto sea un círculo vicioso y explique la principal diferencia entre las sociedades y la mentalidad de los dos países.

Como concluiría la experta en educación e inteligencia emocional en las escuelas, Mar Romera: "La imaginación y la emoción siempre superan a la razón".