Primeramente, a la hora de conseguir sus propósitos podría pasarle que simplemente se tope con el rechazo de los demás y con un fracaso estrepitoso más sonado que la Quinta de Beethoven.

No abandone fácilmente. ¡No abandone nunca, nunca!. La historia la escriben los valientes... y los que perseveran. Sólo esos. Enfréntese a sus sentimientos de impotencia y frustración si su objetivo no se cumple, y dese ánimos de que lo logrará próximamente... o mejor, cuando Dios quiera.

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Ponga a Dios en el juego porque usted no es Dios, ni es omnipotente y no pretende serlo. Dele a Dios la libertad de operar en su vida, asuntos o salud. Verá cómo lo logra al final.

Pero para lograrlo tiene que ser capaz de superar un posible (digo, posible) desánimo o una posible frustración inicial (que igual no le pasa).

Sea fuerte ante los golpes que reciba, que le impidan o parezcan impedirle conseguir su objetivo. Usted no es de cristal y tampoco pretende serlo. Usted aguantará las tormentas, cada una de ellas. Permanecerá fuerte al timón por muy fuerte que sople la tormenta. Al fin y al cabo ese es su lugar: el timón de su propio y benigno barco. Empuñe el timón. Tiene todo el derecho.

¿Qué es lo que pretende conseguir? ¿Un ascenso? ¿El amor recíproco? ¿Editar un libro? ¿Tener una casa? Todas estas cruzadas son benignas y dignas de elogios. Ellas cambiarán el mundo y aportarán algo a los demás; así que no abandone al primer fracaso, ni al segundo, ni al tercero, ni al cuarto.

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Recuerde que vale más fracasar cincuenta veces que rendirse una.

Desde aquí le envío toda mi energía positiva y todos mis pensamientos positivos para que consiga todas sus metas. Sepa que, si se lo pide a Dios, recibirá tarde o temprano. Podría tardar un tiempo pero la ayuda llegará y sepa también que usted se lo merece. Siéntase digno de conseguir su objetivo.

¿Conoce "La Cenicienta" de Charles Perrault, verdad? No hace falta que le diga más porque es uno de los clásicos infantiles por excelencia. En esta historia inigualable, la Cenicienta pasó por mil tormentas pero de las de verdad, en manos de sus crueles madrastra y hermanastras, pero perseveró y nunca abandonó su objetivo de que todo cambiaría, ni lo desdibujó de su mente. Su buen objetivo seguía en su mente. Implacable. Y lo consiguió al final: se casó con el príncipe. De lo que era a lo que llegó a ser...

Ya que estoy hablando de cuentos infantiles, todos estos tienen finales felices, cómo no... Ahora el final de su propia historia depende de usted y sólo de usted.