Aprender es afrontar el miedo

Como persona adulta y emprendedora me he visto en la necesidad de aprender una gran cantidad de herramientas tecnológicas para poder desarrollar mi trabajo, y sobre todo he tenido que asumir mi miedo a no ser capaz de hacerlo.

El miedo y la preocupación son emociones comunes cuando afrontamos una situación inesperada o desconocida. Esta manera de reaccionar ante la incertidumbre, lejos de ser natural, está condicionada por la influencia de los progenitores y del entorno social y cultural de los niños, que por mimetismo inconsciente, las terminan imitando.

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El primer objetivo de la educación es fomentar la curiosidad y el segundo detectar las actitudes derrotistas que conducen al sentimiento de marginación social y laboral y sustituirlas por actitudes responsables que asumen sus sentimientos y sus causas.

Para enseñar, primero hay que entusiasmar

Cuando podemos superar una limitación que considerábamos insuperable nos sentimos muy bien y la autoestima aumenta, así como la necesidad de afrontar nuevos retos. Poco a poco los niños aprenden que la incertidumbre y lo inesperado no son obstáculos, sino oportunidades de ampliar sus capacidades y van sustituyendo el miedo por la confianza.

La escuela impositiva está llegando a su fin; es la hora de dejar que cada niño marque su propio ritmo educativo acorde a sus necesidades y capacidades, disfrutando de lo que el aprendizaje siempre ha sido, un juego donde los niños y niñas pueden desarrollar sus habilidades y descubrir quiénes son.

Las escuelas están encaminadas a reinventarse y convertirse en talleres de proyectos cooperativos; start-ups adolescentes que no sólo permitan aprender sino disfrutar de las primeras experiencias profesionales e incluso participar en concursos que puedan dotar de financiación al proyecto y quizá convertirlo en una empresa.

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La educación consiste en descubrir la motivación de cada niño y niña y en brindarle las herramientas emocionales y técnicas para desarrollarla. Está demostrado que entre muchas personas que tienen los mismos conocimientos técnicos, quien se conoce mejor a sí mismo, disfruta de mayor inteligencia emocional, y es quien más progresa en el ámbito personal y profesional.

Entramos en una nueva era donde el trabajo no es un mero elemento de supervivencia, sino un vehículo para canalizar sentimientos y desarrollar motivos para gozar de una vida digna.

¿Qué quieres ser de mayor? Ésta es una pregunta limitante que hace creer a los adolescentes que aún no son capaces de ingeniar ideas y desarrollar proyectos que aporten valor a su vida y a la de los demás. La adolescencia es una etapa muy creativa en la que el niño se siente capaz de revolucionar el mundo y hay que facilitarle los medios para que lo haga posible.