Es frecuente que en una ruptura amorosa haya un tercero. Y parece ser que en el cese del "amor eterno" entre Messi y el Barça, el tercero en discordia sea Luis Enrique. El "Lucho", que en sus tiempos mozos jugó tanto en el Real Madrid como en el F. C. Barcelona, ahora entrena al Barça, pero claramente con su labor beneficia al Real Madrid. Pues bien, el asturiano de la "nariz partida" (recordemos el Mundial del año 94), va a conseguir lo que hasta ahora no ha podido hacer el dinero: que Messi se vaya del Barça; que el mejor jugador de Fútbol de todos los tiempos juegue en otros equipos.

En Camp Barça igual no están muy contentos, pero en el resto de clubes, ricos y capitalistas, se estarán frotando las manos, sobre todo el Chelsea al que, desde ayer, Leo Messi sigue en Instagram.

Sin lugar a dudas, Luis Enrique, debe tener mucho ego, pues, si piensa que su trabajo de "entrenador normalito" vale más que el de Messi: un jugador superlativo, es que tiene más ego que José María Aznar. Además, según se dice, en el Barça a los jugadores se les enseña a jugar desde las categorías inferiores, por lo que el trabajo de entrenador en Camp Barça no debe de ser muy complicado. Es más, siempre juegan igual, por lo que ser entrenador es como ser cura: el guion ya está escrito, solo se tiene que leer.

Pero, pese a estas críticas, lo que está haciendo Luis Enrique, tiene mérito, porque si finalmente consigue echar a Messi, ¡hay que tener valor para hacerlo y seguir viviendo en Barcelona! Yo personalmente solo me atrevería a hacerlo si tuviera a media guardia real a mis espaldas.

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Aunque claro, igual Luis Enrique sabe que, cuando se vaya Messi, se irá él detrás, por lo que no volvería a pisar Barcelona. Quién sabe, igual tiene a su disposición una puerta giratoria, en la que si consigue descomponer al Barça desde dentro, pueda terminar algún día entrenando al Real Madrid. Desde luego el trabajo que está realizando el "Lucho" esta temporada nos podría llevar a pensar algo así. Quizá Luis Enrique nunca dejó de ser del Madrid.

Aunque la verdad también se podría pensar que la marcha de Leo Messi sería buena para el Barça. ¿Cómo se puede llegar a esta conclusión? Pues habiéndose bebido una botella de whisky antes de cada partido. Después de esta ingesta etílica, aunque el Barça pierda y Messi juegue bajo las órdenes de Mourinho, seguro que no parecerá tan grave.