Estamos acostumbrados a que la mayoría de los españoles de diferentes generaciones e ideologías tiendan a asociar la bandera nacional con un sentimiento vinculado al tradicionalismo, a la clase alta o en algunos casos, a la extrema derecha.

Suelen llamar fachas a quienes exhiben orgullosos el principal símbolo de identidad de nuestro país en sus balcones, miniaturas en los despachos de trabajo, pines o broches, o la última moda de los más jóvenes que compran una funda para su Smartphone.

Sin embargo, en Estados Unidos, demócratas y republicanos la muestran orgullosos ondeando en las fachadas de sus casas o en las altas astas que instalan en sus jardines, ¿por qué esto no se da en nuestro país?

Algunos llegan a afirmar que el verdadero español se trata de aquel que posee un sentimiento tradicional y clasicista (en ocasiones asociándolo al franquismo), como si el sector más conservador de nuestra sociedad se hubiese adueñado del símbolo de todos y del sentimiento patriótico que caracteriza a quien busca lo mejor para su pueblo y para su nación, sea desde la derecha o desde la izquierda.

Llama la atención ver personalidades políticas (o meros ciudadanos de a pie) utilizar este tipo de símbolos; la izquierda suele lucir más la bandera republicana, posiblemente como consecuencia de la Guerra Civil que sufrimos hace casi un siglo, ¿no es el momento de superarla y romper con el pasado?

Existen republicanos cuya última preocupación es cambiar la bandera bicolor, bandera que de hecho, no ha cambiado mucho con respecto a aquella que nos representaba en 1873.

Está en nuestras manos reclamar el uso de la simbología de todos los españoles bajo el sentimiento de unidad (perfectamente compatible con el modelo federalista) de querer una España mejor para nuestro pueblo, seamos de derechas, de izquierdas o de centro, el principal símbolo de una sociedad democrática jamás ha de ser reservado para un sector exclusivo y la posibilidad de cambiar esta realidad reside en el valor de utilizarlo.

Vídeos destacados del día