Un film brillante desde una profunda visión del universo masculino, pero con un transfondo político de largo alcance, la relación alemana con los países de su entorno, históricamente dominadora y prepotente que ha llevado en más de una ocasión al país y a Europa al desastre. Un componente crítico que tiene en Meinhard, a su valedor. Un obrero de la construcción que llega a un pueblo de Bulgaria para realizar una obra hidráulica con una cuadrilla de trabajadores, un hombre solitario que odia la violencia –aunque tiene que coger un arma para poder defenderse- y que no se lleva muy bien con sus toscos y violentos compañeros.

Al contrario que ellos, quiere entablar lazos de amistad y sentimentales con los vecinos del lugar, reconstruyendo su propia vida.

Valeska Grisebach (Nostagia, 2011) deja que los actores y la película se mueva casi por la línea del documental para ofrecernos una cinta repleta de naturalismo y realidad, con verdaderos momentos repletos de lírica, como la capacidad que tiene Meinhard de adiestrar con sus propias manos un caballo, o como, con la fraternidad y los claros sentimientos, dos hombre que no hablan una palabra del idioma del otro se entienden y construyen una amistad. Caso contrario es la forma de comunicación con sus compañeros alemanes, que hablan un mismo idioma, pero están en las antípodas del sentido y sentimiento humano que transmite Meinhard.

La bobina transmite no solo la violencia entre las relaciones masculinas, sino también los valores de unos y otros, y sobre todo la comunicación y el entendimiento con el otro, la otredad y la empatía tan necesaria para la convivencia.

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