El primer tema de Joaquín Sabina que empezó a oírse en televisión fue ¡Qué demasiao!, una canción que tenía una temática muy de la época y que muchos artistas hacían referencia a ella, la delincuencia y la droga. Un cantautor de por entonces llamado “Pulgarcito” la hizo popular.

Las malas compañías en 'La Mandrágora'

Eso le dio cierta relevancia y se le iba conociendo en los bares donde actuaba ganándose la vida y también en actos políticos de la izquierda madrileña. Empieza a actuar en compañía de Alberto Pérez y de Javier Krahe en el café La Mandrágora. Las actuaciones del trío de cantautores comienzan a ser famosas por la sociedad madrileña y no era difícil ver a alguien de la cultura o de la política de la capital, asomándose para ver y escuchar sus canciones.

Así una noche Fernando García Tola los vio en directo y los llevó a su programa de televisión “Esta noche”, que presentaba una joven actriz llamada Carmen Maura.

En 1980, Joaquín publicaba su segundo disco, Malas Compañías, con una apreciable diferencia de calidad respecto al primero, tanto en las canciones como en el sonido, muy alejado del anterior trabajo, Inventario.

En este disco de corte más acústico y sencillo podemos encontrar auténticas joyas del Sabina de aquella época y sus primeros clásicos se pueden oír en este disco. Calle Melancolía, ¡Qué demasiao! y como no, Pongamos que hablo de Madrid.

Pongamos que hablo de Madrid

Pongamos que hablo de Madrid fue grabada primero por Antonio Flores, alcanzando el número 1 en los 40 principales, pero luego Sabina lo rescató para él.

Esta canción apareció en el disco en directo que grabó junto a Krahe y Alberto Pérez, llevando el título del café donde actuaban, La Mandrágora (1981). También aparecían canciones como Pasándolo bien, Círculos viciosos y una inédita en su discografía personal que era Adivina, adivinanza, que relataba el entierro de Franco, una pieza crítica de Sabina, difícil de hallar en su cancionero actual.

El disco en directo es una delicia, con mucho humor e ironía, donde brilla especialmente Javier Krahe, auténtica alma del trío.

La fama de Joaquín Sabina iba en aumento, su talento le sirvió para empezar a componer para otros artistas como Ana Belén o Miguel Ríos. Formó su primera banda llamada Ramillete de Virtudes con la que empezaría a actuar añadiendo nuevas canciones con un formato más rockero como por ejemplo, Pisa el acelerador o Juana la Loca.

Fernando García Tola, tenía un nuevo programa de éxito, que se llamaba “Si yo fuera presidente” y quiso contar con él para que actuara aportando el ingenio de sus canciones y así su fama ganó enteros a nivel nacional. Joaquín Sabina empezaba poco a poco a subir en las listas de éxito.

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