Fra Angélico nació en una familia de campesino con ciertas comodidades alrededor del año 1400. Sin embargo, no se quedó mucho con su familia ya que en el año 1418 se une a la orden de Santo Domingo (los dominicos). Después de estar de un lado para otro acaba en Roma donde será nombrado prior en el año 1447.

Su maestro se llama Lorenzo de Mónaco y será el que le introduzca en el mundo de la pintura, en concreto, será el que le inicie en el Quattrocento, el nuevo movimiento pictórico que le dejará huella.

Las características de Fra Angélico

Fra Angélico era muy diferente de otros pintores del Quattrocento como Masaccio.

Al contrario que este último, Angélico no busca representar la anatomía con demasiada fuerza ni tampoco pretende individualizar a las figuras sino que lo que pretende con la pintura es representar la figura humana como reflejo del alma lo que nos lleva a otra característica que es la representación de lo espiritual y no lo temporal como hacía Masaccio.

Quiere alcanzar a la divinidad mediante la pintura y es por eso que su pintura será de carácter devocional. Además, plantea la belleza de lo positivo, lo amable y lo bueno sin pensar en la realidad como algo racional.

Por otra parte, otro de sus puntos fuertes es la perspectiva llegando a superar a Masaccio, el pintor que había marcado un antes y un después en el uso de la perspectiva. También tiene mayor colorido y brillantez junto con un buen estudio del paisaje.

Fra Angélico y la teoría tomista

No es de extrañar que Fra Angélico propague ciertos ideales mediante la pintura y es que, Angélico sigue la teoría tomista que tiene influencia de razonamientos aristotélicos y que tiene como finalidad la recuperación del alma.

Como ya hemos comentado anteriormente, este pintor utilizará el Arte para llegar a la divinidad y por lo tanto, lo utiliza como medio para alcanzar la perfección y la comunicación con la divinidad.

Por otra parte, también tiene carácter didáctico y es por ello que es un arte que se entiende fácilmente además de ser sencillo y también directo.

Entre sus obras más destacadas se encuentra la Anunciación se Santa María de Fiesole que aporta muchas novedades a la pintura del Quattrocento junto con otras obras como La Anunciación del convento de San Marcos, Noli me tangere, Cristo en la cruz ante los ladrones, Adán rescatado de los infiernos y La Última Cena.

Fue un artista que pintó principalmente para la nobleza eclesiástica.

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