Comprometido con una línea de trabajo abocada a la denuncia política y social [VIDEO] transfigurada en sátira y materializada en el mundo del espectáculo, Billy Wilder emprende la dirección de un importante filme que deviene en ícono para la #Historia del Cine: Some like it hot (1959).

La ingeniosa comedia dinamita la estructura social de Estados Unidos, mostrando la imagen de la cara más débil de la moneda. Se cuestionan los principios y la moral de un escenario donde la economía adquiere poder absoluto sobre las estructuras gubernamentales, lo cual expresa mucho sobre la efectividad del capitalismo como política, pues sobresale la ley del más pudiente, el inversionista posesor de yates y mansiones, que sostiene el desarrollo económico de la gran potencia y la mafia que camina impune a la cara de los mecanismos de control de la conducta ciudadana.

Este es el contexto donde dos músicos, Joe y Jerry, presencian “la masacre de San Valentín” en Chicago (1929). Siendo testigos de la enorme matanza, ambos amigos son perseguidos por la mafia. Como alternativa de supervivencia aceptan un trabajo en un grupo musical que solo acoge a mujeres, por lo que se ven forzados a disfrazarse para ser aceptados dentro del conjunto y así alejarse de la ciudad.

La trama se complejiza con el personaje de Sugar, una ingenua cantante de la que Joe se enamora. Para acceder a ella, debe simular ser el dueño de una importante empresa petrolera. Obsesionada con mejorar su estatus de vida, Sugar lucha por conquistar a su farsante amigo, del que luego se enamorá. De la misma forma, Jerry decide casarse con un depravado millonario, dueño de la identidad que Joe finge, para luego contarle su verdadero género y preferencia sexual y divorciarse con la respectiva división de los bienes materiales.

El filme recrea la inseguridad y el peligro a que se encuentran sometidos aquellos que no cuentan con el respaldo de la mafia y los millones, socavando así en la ineficiente estructura económica y política de la sociedad norteamericana y, por consiguiente, del Capitalismo más radical. Además, la película maneja con ironía datos tales como divorcios de famosos, la seguridad de la bolsa, que ese mismo año se derrumbó e inició una crisis económica, la muerte del actor italiano Rodolfo Valentino.

A riesgo de establecer un juicio osado sobre su obra, cabe afirmar que Wilder explotó las posibilidades de un “#Cine contracorriente” y de denuncia social. Acucioso, divertido, agudo, irónico, Billy supo recrear la esencia de la sociedad norteamericana, así como los aciertos y debilidades del sistema capitalista, desde una postura crítica y comprometida. La afortunada experiencia de una creación desprejuiciada, la ironía escurridiza de sus perspicaces intervenciones, la desenfadada representación de un espacio lacerado por las actitudes represivas, han hecho de Wilder una de las figuras más representativas de este período, donde más de un cineasta emprendió los riesgos de proponer un análisis grave y juicioso de su realidad inmediata.