No es la primera vez ni será la última en la que, mismamente desde la ficción - el ejemplo está presente en películas tan conocidas como Yo, Robot, Blade Runner...-, se crean distopías en las que las máquinas se confunden con el ser Humano en esas capacidades que creemos tan suyas, tan especiales: la inteligencia y el lenguaje.

Sin embargo, no tenemos por qué irnos al plano cinematográfico para encontrarnos con estos casos.

Desde las curiosas noticias recientes sobre las Inteligencias Artificiales (IA) las hasta los propios trabajos de campo en el desarrollo de estas IA, menos virales, que nos ayudan a comprender, en muchas ocasiones, el funcionamiento de nuestro cerebro, esperanza y temor se unen al recopilar los resultados:

Por un lado, el deseo de conocer el misterio que albergamos dentro de nuestras cabezas, esa inescrutable masa que nos ayuda a pensar, el cerebro.

Por otro, el miedo de ser “despojados” de las características con las que, desde los comienzos de la filosofía, del saber gratia artis, vienen definiendo al Hombre, al ser humano: el raciocinio, la inteligencia y, por supuesto, el lenguaje.

¿Qué significa que las máquinas tengan su propio lenguaje?

Aparte de lo que se puede deducir de la propia pregunta, esto es, que las máquinas son capaces de producir su propio lenguaje a partir de una serie de datos lingüísticos que sus creadores introducen en ellas, más que significaciones lo que puede extraerse de esta cuestión son más preguntas: ¿es, realmente, el lenguaje lo que nos caracteriza como seres humanos? Si es así, ¿es el lenguaje o la capacidad de crear lenguaje lo realmente característico?

¿Es el hablar, entonces, cosa de humanos?

Depende de cómo se interprete la pregunta. Desde luego, la comunicación y el deseo de comunicarse no es exclusivo del ser humano. Los animales poseen sistemas de comunicación complejos y curiosos, si bien es cierto que no siempre son llevados a cabo mediante recursos vocales (los bailes de las abejas para comunicar a sus compañeras la distancia y dirección en la que se encuentra el alimento son un claro ejemplo, pero, a su vez, también resulta sorprendente el nivel de complejidad del canto articulado de los pájaros, si queremos ejemplos de lenguaje "vocal"), pero su estudio siempre resulta enriquecedor para la comprensión de nuestros propios sistemas comunicativos.

Sin embargo, no se puede negar que, independientemente de las tareas que ocupen nuestro día a día, más o menos cercanas a todo aquello con lo que relacionamos los estudios de las lenguas (el temor a la RAE, las Gramáticas y los diccionarios, tan lejanos de algunas de las corrientes más fructíferas de la Lingüística actual), el lenguaje constituye una parte primordial de nuestras vidas – no sé si característica, exclusiva o única de nuestra especie, pero sí primordial -.Ya sea para expresar algo que nos preocupa, sincerarnos, divertirnos o intercambiar opiniones profesionales y académicas, la palabra está presente de manera constante en nuestro entorno.

No debemos alarmarnos, entonces, por estas cuestiones, puesto que el lenguaje va más allá de la mera faceta del hablar: es cultura, es historia, es sociología y es, en definitiva, comprensión del otro, una exigencia continua de abrir nuestras mentes para adentrarnos en el mundo interior de nuestro interlocutor. Una aventura que, sea o no exclusivamente humana, nos acompaña en nuestra existencia para enriquecer nuestras vidas.

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