Una niña de seis años, la portentosa Moone (Brooklyn Prince), la joven y primeriza actriz la lituana Bria Vinaite, como su madre (Halley) y un actor que sirve para todo, en cualquier momento, el excelente William Defoe, más dos niños compañeros de aventuras, Janey (Valeria Cotto) y Scootie (Christopher Rivera), en un mundo tan real como kitch y duro: el patio de atrás de Disney World. La vida superviviente de esa familia desestructurada Moone y su madre Halley saca a relucir las profundas heridas de una sociedad en descomposición.

Esos pequeños señores bajitos, diablos de la libertad sin límites, nos llevan con sus peripecias de un peligro a otro -no por sus irresponsabilidades, que se dan por hechas que los niños las van a cometer- sino por las profundas brechas sociales, generada por la sociedad neoliberal norteamericana.

El país de las oportunidades, de la libertad, de la propaganda sobre la felicidad, tiene un patio de atrás nauseabundo, nefasto y caótico. Es curioso que la infancia de esos niños, poderosa, imaginativa y libre, sea la única arma ante tanto despropósito. Son sus correrías a través del motel donde viven y sus alrededores, el mejor espejo de lo que verdaderamente es ser un excluido en Estados Unidos, La imagen de Disney World se deforma como un esperpento –el film se desarrolla en un complejo vacacional al lado de Disney World en Florida. Existe entonces otro patio de juegos, otro lugar fantástico pero esta vez real, que solo unos niños nos los pueden mostrar, sin llevarnos las manos a la cabeza.

Ellos solos han desnudado la falsa quimera de aquel mundo de colores presentado por Mickey Mouse.

La realidad, como ha señalado su propio director Sean Baker, “supera a la propia ficción”. No es un documental, es un film de ficción pero donde el escenario real es tan teatral que el Castillo de Fantasía se queda fuera de plano.

La infancia se expone tan poderosa en este film que los males de los adultos son expuestos con la mirada redentora de los niños. La lectura del submundo tan humana, que el dolor se supera a través de las sonrisas y correrías de esos seres pequeños que se salvan del huracán. En medio del hermoso tiempo de la infancia en una familia desestructurada, un ángel protector: William Defoe

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