La Gran Pirámide es una de las Siete Maravillas del mundo antiguo que aún han llegado a nuestros días, por lo que es conocida por todos y en muchas ocasiones las noticias que protagoniza están rodeadas de misterios, de enigmas sin resolver como el método de construcción. Causa admiración en todos sus visitantes, es un monumento resistente al tiempo y las inclemencias de la naturaleza -y del hombre- y, en este caso, es el centro de una pequeña polémica.

Esa ha sido la "acusación" por parte del Ministerio de Antigüedades egipcio al conocer la noticia publicada por el equipo de investigación de ScanPyramids en la revista Nature.

En esa publicación se podía leer que el equipo había empleado una radiografía con rayos cósmicos de muones que permitieron vislumbrar vacíos desconocidos en el interior de la pirámide. Ese espacio estaría situado por encima de la Gran Galería, y mencionan que sería la estructura más grande descubierta en la Gran Pirámide desde el S.XIX. En la parte final del artículo se puede leer: estos resultados constituyen un progreso en la comprensión de la pirámide de Kufu y su estructura interna. Y a la prensa declararon que cabía un avión de 200 plazas en el interior de la pirámide.

Ante todas las declaraciones de los científicos del equipo, han salido voces discordantes:

Mark Lehner, egiptólogo del Ancient Egypt Research Associates, menciona que la Gran Pirámide está llena de espacios vacíos con la finalidad de restar peso a las cámaras y galerías.

Zahi Hawass, director del ministerio de antigüedades y exministro de cultura egipcio, señala que la investigación no ha aportado nada en realidad.

Reflexión

Quizá este "incidente" sea perfecto para realizar una pequeña reflexión sobre el mejor método para anunciar algún descubrimiento novedoso, sobre todo en relación con el lenguaje que se decide emplear en el comunicado.

El antiguo Egipto es un imán de enigmas, de extraterrestres, de misterios sin resolver, y no es difícil que esas palabras salgan a lo largo de un artículo o una rueda de prensa, ya que por un lado el equipo de investigación quiere "vender" su descubrimiento o avance en el campo de la egiptología. Es necesario, en mi opinión, que haya una balanza entre la desgraciada realidad de que hay que hacer marketing para poder recaudar financiación y recursos, con la rigurosidad que es de obligado cumplimiento en cualquier disciplina científica.

Usar los dos conceptos no es nada fácil, siempre hay uno de los lados que tira más que otro, y de esa manera se produce la polémica con otros grupos de investigación.

Ante todo, la prudencia es una gran virtud para un estudioso, hay que tener muy claro que lo que vas a publicar es riguroso y acorde con la realidad; ya no solo por el prestigio que uno pueda tener, sino por la imagen del equipo en el que se trabaja, ya que puede tener consecuencias para los posteriores estudios. Que este suceso sirva para aprender a ser cauto, a emplear un lenguaje que "venda", sí, pero dentro de unas normas que impidan los sensacionalismos, la propaganda exagerada -y, por tanto, engañosa-.