Este cronista entiende bien a cierta clase de personajes en el Cine, teniendo en cuenta que mi cineasta favorito es Woody Allen, el cual fue, como diría mi hermana, mi Dios, pero nunca de forma literal. Pues en la nueva película del veterano cineasta italiano Marco Bellocchio, a sus casi 80 años, éste se basa en una novela autobiográfica del periodista Massimo Gramellini, para contarnos una historia de pérdida y dolor, con la que conecté mucho.

Un argumento que sería perfecto para un maestro del Cine que fue Ingmar Bergman, pero Bellocchio sabe sortear el homenaje fácil y plantearlo de otra manera.

También evita caer en el telefilme de sobremesa, algo en lo que cae muchas veces el cine italiano actual, dominado por las cadenas de televisión en un 100 %. Por ello, esta película es una co-producción con Francia, donde entienden el Cine de otra manera.

Massimo, un niño de Turín en 1969, de 9 años, está muy apegado a su madre y una noche despierta con un horrible ruido, ve la casa llena de policías y su madre ha desaparecido. Pronto verá irse el ataúd, y tendrá que vivir desde entonces sin ella. Se distanciará del mundo, se volverá melancólico y un punto misántropo.

La película da saltos continuos en el tiempo, y vemos al Massimo niño y adulto. Le veremos como reportero en Sarajevo, contestando cartas al director para La Stampa y algún otro trabajo profesional.

Tendrá un amigo en el colegio, la madre del cual quedará fascinada con él. Poco se habla de su vida sentimental, sólo que por un ataque de pánico, una doctora le atenderá y se sentirá atraída por él. Ella lo hará todo, claro, ya que él, por su trauma, es incapaz de tomar la iniciativa.

Massimo veía con su madre una serie francesa de gran éxito en su país y en Italia, “Belphégor”, cuyo protagonista se convertirá en su ángel de la guarda, cuyas imágenes se insertan en la trama como se hacía en la serie americana “Sigue soñando”.

Con estos trucos a los que recurrir, él podrá seguir adelante.

Bellocchio, del cual conocemos “Buenos días, noche” (reconstrucción del secuestro y asesinato de Aldo Moro por las Brigadas Rojas) y “Vincere” (historia del hijo secreto de Mussolini), con un cine repleto, como muchos colegas italianos, de fuerte carga política, aquí deja la Política en segundo plano para centrarse en la odisea de Massimo.

Lo muestra todo con un ritmo pausado, y lo que es magistral, jamás cae en la sensiblería. El Massimo niño es mostrado como digno de compasión, pero por que lo necesita, es humano, no por que sintamos pena por que sí. Con el adulto, lo mismo. Bellocchio es implacable con el padre de Massimo (mostrado como rudo y prepotente) y con los curas del colegio, a quienes muestra siempre de manera inquietante o iluminándolos de manera sutil (en una escena, Massimo da una bofetada a un cura que le responde con evasivas). Sólo a la doctora Elisa, encarnada por la francesa Bérénice Béjo (“The Artist”), la presenta con mucha luz y aire positivo, sin caer tampoco en la complacencia del final feliz y sin mostrar si serán felices para siempre.

El auténtico Massimo Gramellini es un periodista que ha trabajado en periódicos de prestigio como La Stampa o Il Corriere Della Sera, presenta programas en la RAI y ha cultivado tanto la información deportiva (es seguidor del Torino, cuyo estadio aparece mucho en el filme) como la política. Se casó dos veces.

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