Hay pocos momentos donde el teatro parece el salón de una casa reconocible, familiar, entrañable. Una voz, un texto, una pequeña butaca y allí estábamos escuchando la lectura del Medea en voz de Aitana Sánchez Gijón y dirección de Andrés Lima, un espacio para el mito y el desamor producto de la locura. El clásico de Eurípides, el amor asesino producto de los actos de una Medea embrujada por el ultraje de la hija de Creonte, Glauce, al tomar en matrimonio a Jasón el padre de sus hijos. Tras el deshonor , Creonte, que sabe de la respuesta de la sabia y hábil Medea, la destierra antes que ella se vengue.

Fingiéndose sumisa, Medea acepta el hecho y regala un peplo a la novia Glauce. La prenda está envenenada y mata con el simple hecho de ser tocada. La hija de Creonte muere de forma atroz, y tras el asesinato, Medea, en un acto de venganza horrible, mata a sus propios hijos, las semillas que había engendrado con Jasón. La venganza es perpetrada desde la locura del desamor. Medea es un reflejo desde los clásicos del infortunio de la mujer en el roll social –los tiempos han cambiado, aunque haya lagunas- El clásico es una excusa formidable para poder ver y escuchar en escena este impagable texto, en la voz de Aitana Sánchez Gijón, y sobre todo, entre amigos.

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