Los pueblos de América según sus propias costumbres han sido motivados por sus creencias, cuyos orígenes se remontan a muchos o cientos de años.Las actividades de cada día están enmarcadas en sus raíces. Sus tradiciones festivas van o viene por ese mismo rumbo, de ahí que cada cierto tiempo celebran con el ánimo muy arriba, acorde a lo que ellos creen que realmente una vez existió.

En la serranía ecuatoriana, existen varios pueblos divididos por etnias, culturas, costumbres, etc. Cada pueblo acostumbra a celebrar una fiesta como el Inti Raymi, o también conocida la fiesta del sol.

Esta fiesta tan solemne comparada con la fiesta de la antigua Roma, que celebraban el solsticio.

Como toda fiesta, tiene su personaje principal, esta festividad tiene un símbolo, el personaje más importante y en el cual giran todos los mitos, aquel que llego a llamársele como el Aya Huma, quien se dice que era el protector de la naturaleza, aquel que poseía las energías espirituales infinitas de las montañas.

El ingreso de los conquistadores cambió el sentido del nombre del Aya Huma, ya que lo identificaron como un ser diabólico, por lo que con el tiempo se le llegó a llamar el diablo Huma.

El Aya Huma, según la Mitología Andina, era un ser al que no se le podía identificar su verdadero rostro, ya que por todos los cuatro lados del horizonte se podía ver un rostro, lo que significaba que tenía un control visual de todos los ángulos.Así mismo, nunca se cansaba de bailar y sus pies parecían estar suspendido en el aire que silbaba con mucha fuerza cada vez que bailaba.

Actualmente, la danza es una forma de comprensión de aquel mito, muchos danzantes buscan la manera de expresar, de la mejor forma, a aquel ser mítico.

Usan una máscara con dos rostros cuya representación enfoca a la dualidad andina, de la misma manera se erige sobre la cabeza serpientes que representa a la sabiduría ancestral andina, se acompaña de un acial el mismo que este ser mítico utilizaba para purificar o para realizar curación.

Los diversos pueblos que pertenecen a la región andina y en especial a cierto sector de los altos paramos de la serranía ecuatoriana, cada año celebran con mucho ahínco este tradicional baile, aunque muchos se arrogan ser los mejores realizando aquella danza que identifica al Aya Huma, por lo que es común ver enfrascado en una lucha física a los pueblos de estos sectores.

De esta manera transcurre los días de los moradores de ese sector ecuatoriano, entre el mito y la dura idea de vivir sumido en tradiciones y costumbres de una cultura que se resiste a desaparecer.

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