En muchas ocasiones se ha hablado de “pueblos fantasma”; lugares que, por una u otra razón, han quedado completamente deshabitados y desiertos. Espacios curiosísimos, llenos de Misterio y totalmente abandonados, que despiertan en el viajero las sensaciones más encontradas. Sin embargo, uno de estos lóbregos espacios sí merece ser calificado con propiedad como un auténtico “pueblo fantasma” de leyenda pues, hasta la fecha, jamás ha sido localizado. Pero empecemos por una extraña historia allí acontecida.

Cuenta la leyenda, pues por el momento de eso se trata, que unos campesinos se hallaban trabajando en unas parcelas de tierra situadas, al parecer, en algún punto cercano a la catalana ciudad de Barcelona. Hacía bochorno, pues era una calurosa tarde de agosto del año 1887. Hallándose en plena tarea de cultivo, a eso de las cinco, algo les llamó poderosamente la atención. Lo que parecían ser en principio un niño y una niña salieron del interior de una de las varias grutas situadas entre las montañas.

El aspecto de los chavales era curioso. Su atuendo parecía estar confeccionado con un “tejido” extraño o desconocido, sus ojos celestes y rasgados estaban en disonancia con sus principales rasgos faciales, muy semejantes a los de la raza negra, se comunicaban en un idioma totalmente incomprensible para los campesinos y, lo más curioso, la piel de ambos parecía tener una extraña pigmentación de tonos verdosos.

Se cuenta que fueron muchos los especialistas que trataron, inútilmente, de identificar el extraño lenguaje hablado por aquellos niños.

Y otros tantos expertos, entre ellos médicos y químicos llegados desde diversos puntos de la cercana Barcelona, dirigieron también sus pasos hacia el vecino pueblo con tal de poder examinar de cerca a ambos muchachos, que habían quedado por de pronto bajo la custodia legal de un juez local, cuyo nombre, se dice, era Ricardo de Calno. Y los exámenes e investigaciones de tan nutrido grupo de galenos y químicos expertos arrojó a la luz, según cuenta la leyenda, unos resultados fascinantes… e increíbles.

Aunque su morfología era antropomorfa, su constitución orgánica era distinta a la del ser humano. Se dice que poseían un solo pulmón, de un tamaño algo más grande que el de un cuerpo humano y que carecían de páncreas. Además de esto y de la extraña pigmentación verdosa, los resultados arrojados por las pruebas químicas realizadas revelaron también que la piel de los niños estaba constituida por una serie de fibras o filamentos inexistentes en nuestro planeta.

La alimentación de los niños también supuso un problema pues, desde buen principio, ambos se negaron a ingerir alimento alguno, a pesar de dar claras muestras de estar hambrientos.

Sólo cedieron, finalmente, a la ingesta de unas “judías verdes y unos guisantes”. Quizá debido a tan pobre régimen alimenticio y a su menor fortaleza o constitución física, el varón entró en una espiral de debilitamiento que, finalmente, lo condujo a la muerte. La niña, contra todo pronóstico, consiguió sobrevivir –se dice– durante varios años, ganándose el sustento empleada como sirvienta en casa del juez Ricardo Calno.

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