El #Cine francés siempre ha sabido versionar sus clásicos literarios más osados sin perder nada del toque del texto original, sin convertirlo en esa inefable máquina de moralinas que es Hollywood. Este miércoles, día que en Francia se estrenan cada semana las películas (en España es el viernes), había expectación por la nueva versión de la novela "Diario de una camarera" de Octave Mirbeau, publicada en 1900, que Jean Renoir y Luis Buñuel llevaron en su día al cine, cada uno con su estilo y episodios de la novela escogidos al azar.

Precisamente en marzo pasado se cumplieron 51 años del estreno de la versión del cineasta aragonés, con Jeanne Moreau y Michel Piccoli en sus papeles protagonistas.

Se hizo con la habitual fuerza narrativa de Buñuel, cuyas películas no dejaban indiferente a nadie, como las de Fellini, mientras que Renoir hizo su versión en Hollywood, con Paulette Goddard, exmujer de Charles Chaplin, era la protagonista.

Después de pasar por la Berlinale, la nueva versión de la novela está dirigida por Benoît Jacquot y la protagoniza Léa Seydoux, que ya trabajó con el director en "Adiós a la Reina", una diferente visión de la Revolución Francesa a través de los ojos de los sirvientes de la Familia Real. Jacquot sabe plasmar ambientes turbios, ya lo hizo en la curiosa "Villa Amelia", con Isabelle Huppert como una famosa pianista que un día rompe con todo, abandona a su marido y se va a vivir a una aislada mansión.

Dejando aparte los valores de cada versión, las tres tienen detrás a cineastas con talento, y cada uno de ellos con un estilo propio, hay que dirigirse a la propia novela.

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Su protagonista, Célestine, una camarera parisina que sirvió en la casa de los Lanlaire, una familia de Normandía, anota en su diario íntimo sus peripecias y su amor insensato con un misterioso hombre, Joseph, el jardinero de los Lanlaire, que además era antijudío.

Mirbeau plasmaba con esa sutilidad que sólo los maestros de la Literatura tienen las sordideces y mezquindades que la sociedad de su tiempo tenía, disfrazadas de moral o de posición social respetable. Muchas de sus cosas, igual que si leemos a Dickens, a Dostoievski, a Maupassant o incluso a Benito Pérez Galdós, siguen muy vigentes en el mundo actual o poco han cambiado con los siglos.

Y como los autores mencionados, era pesimista, no podía ser optimista, pues los personajes que luchan por librarse de las esclavitudes morales de sus amos, acaban por caer ellos mismos en lo mismo que condenaban, sobre todo si consiguen un poco de poder o ganan más dinero que en toda su vida. Cogiendo al azar algunos fragmentos de "Diario de una camarera", lo vemos bien claro.

"Muy pocas personas tienen idea de las molestias y las humillaciones que tenemos que soportar las de mi profesión. La explotación que pesa sobre los sirvientes es abrumadora y terriblemente injusta. Unas veces por culpa de los señores y otras por culpa de los compañeros, pues los hay que son asquerosamente viles. Lo cierto es que en nuestro oficio no hay nadie que se preocupe por nadie. Cada cual parece vivir, engordar y divertirse a costa de la miseria del vecino. Esto es lo que más deprime, sobre todo a espíritus dotados de una cierta sensibilidad".