Los institutos electorales han sugerido que los Demócratas Suecos (SD) anti-inmigración podrían ganar entre el 16 y el 25 % de los votos del domingo en las elecciones. Este resultado daría una influencia significativa a esta formación política haciendo imposible predecir la composición del próximo gobierno.

La votación en las elecciones legislativas suecas ha entrado en su hora final y se espera que la extrema derecha obtenga una puntuación récord porque los votantes descontentos con la inmigración castigan a uno de los pocos gobiernos de izquierdas que quedan en Europa.

Estado de bienestar

El partido con raíces en el movimiento neonazi ha calificado la llegada de casi 400.000 solicitantes de asilo desde 2012 como una amenaza para la cultura sueca y afirma que están ejerciendo presión sobre el generoso estado de bienestar de Suecia.

Los dos partidos tradicionalmente más grandes, los socialdemócratas y los conservadores moderados, podrían obtener un apoyo cercano alrededor del 40%, lo que supone 10% menos que en las últimas elecciones de 2014. Los candidatos de los ocho partidos que cerraron la campaña el sábado dirigieron todos sus esfuerzos hacía el 20% de los 7,5 millones de votantes que se estima no tienen clara su intención de voto.

El primer ministro socialdemócrata, Stefan Lofven, ha calificado repetidamente las elecciones legislativas de "referéndum sobre el futuro del Estado de bienestar". Pero la extrema derecha lo ha presentado como una votación sobre inmigración e integración después de que Suecia acogiera a más de 160.000 solicitantes de asilo sólo en 2015, un récord per cápita en Europa.

Sin racismo

En vísperas de las elecciones, Lofven condenó "las odiosas fuerzas" en Suecia.

Instó a los votantes a "pensar en cómo querían utilizar su tiempo en la Tierra", y les pidió que "se sitúen en el lado correcto de la historia". Por su parte, el líder de los moderados, Ulf Kristersson, subrayó que después de las elecciones, Suecia necesitaría "una fuerte cooperación entre bloques".

En el sur de Suecia, un bastión del SD, el líder del partido Akesson hizo campaña entre multitudes de seguidores mientras los detractores lo abucheaban y gritaban "¡Ningún racista en nuestras calles!. "Ahora estamos compitiendo contra los socialdemócratas y los moderados para convertirnos en el partido más grande del país", recalcó el líder político de extrema derecha.