Un equipo de futbol, conformado por chicos de 11 a 16 años de edad y su entrenador, captó la atención del mundo entero cuando quedó atrapado en una peligrosa cueva al norte de Tailandia y fue exitosamente rescatado el pasado 10 de julio. Tras superar la traumática experiencia y como parte de un ritual de agradecimiento, 11 de los 12 jóvenes fueron ordenados como novicios budistas, en una ceremonia donde se rindió homenaje póstumo a Saman Gunan, el buzo rescatista que murió durante las maniobras de salvamiento.

Ataviados con la tradicional túnica naranja y con sus cabezas rapadas, como manda la tradición, el grupo participó en el acto religioso que se llevó a cabo en el templo de Chiang Rai, ubicado en la cima de una montaña tailandesa. Allí los jóvenes pasaron nueve días preparándose para el acontecimiento religioso, el mismo tiempo que estuvieron atrapados en la cueva de Tham Luang. El entrenador, de 25 años de edad, se convirtió en monje en la misma ceremonia.

Para los practicantes del budismo, este evento representó una oportunidad de limpieza espiritual, en la que los jóvenes rescatados convivieron poco más de una semana en un monasterio aprendiendo a vivir como monjes. El propósito fue honrar a las personas que fueron responsables de su rescate, especialmente a la figura del Saman Gunan. Este tipo de rituales se dedica, principalmente, a los muertos.

Aprendizajes sobre la vida

Para los budistas, el buen karma está representado por las acciones correctas que se emprenden a lo largo de la vida. Esta premisa se encuentra en los 10 principios de Buda que los jóvenes aprendieron en el monasterio antes de su ordenamiento como novicios de la religión.

El perdón, la honestidad y el agradecimiento, son algunos de los atributos que deben practicar en el camino del budismo, para transmitirlos en sus comunidades y honrar así a sus muertos.

En Tailandia, 95 % de la población profesa el budismo, lo que explica porqué solo uno niño del grupo de rescatados no participó de la ceremonia de ordenamiento.

Praphun Khomjoi, director de la Oficina Nacional Budista, señaló que la importancia de este ritual radica en la toma de conciencia que los jóvenes rescatados ahora tienen sobre sí mismos y el valor de sus vidas. “Nada es más extraordinario que el ser humano”, expresó.

La mayoría de los jóvenes tailandeses, al hacerse mayores de edad, ingresan formalmente al sacerdocio budista, en un paso de madurez que les confiere honor personal y orgullo entre sus familiares.

Sufrimiento y verdad

La escuela budista que predomina en Tailandia es la Theravada, considerada como la que contiene las enseñanzas originales de Buda, basadas en el karma, la evaluación de los actos de la vida, la muerte y el renacimiento como una nueva oportunidad o existencia.

Los tailandeses resumen los preceptos budistas en el proverbio que reza “si haces bien, recibirás el bien; en cambio, si haces mal, recibirás el mal”. Los practicantes del budismo estudian las verdades que marcan todo camino de autoconocimiento: la existencia es sufrimiento y es el deseo el que lo provoca, por lo que si eliminas la causa, eliminas también al sufrimiento.

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