La Knéset (como se denomina al parlamento Israelí) aprobó una iniciativa legislativa altamente controvertida que consiste en definir a Israel como "el Estado nacional del pueblo judío donde este aplica su derecho natural, cultural, religioso, histórico así como su derecho a la autodeterminación". Lejos de una declaración de principios, el nuevo texto normativo tiene consecuencias reales para todos los habitantes del espacio geográfico de Israel, punto de convergencia de las tres mayores religiones monoteístas del mundo.

¿En qué consiste la nueva ley?

El primer cambio significativo es la consideración de propiedad y pertenencia del territorio israelí, en este sentido se declara que el Estado–nación judío pertenece únicamente a los judíos, habitantes del territorio o dispersos por el mundo, dejando excluidos a los árabes judíos (que representan el 21% de la población) y a cualquier otra minoría que haga vida dentro de la nación del Medio Oriente.

Por lo tanto, sólo los judíos tienen la autodeterminación para establecer su cultura, religión e historia, así como el derecho aplicable a sus instituciones y habitantes.

Otro factor de especial interés es que el hebreo pasa a ser el idioma oficial del nuevo Estado-Nación, quedando el árabe como una lengua con protección especial. Está decisión ha sido una de las más controvertidas pues es señalada por los grupos árabes como discriminatoria y racista.

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Asimismo, se le da carácter de símbolos nacionales a la bandera de Israel (fondo blanco con la estrella de David pintada de azul en el centro), a la menorá (lámpara de aceite de siete brazos), el himno (la Hatikva), el calendario hebreo, y demás fiestas judías.

Por su parte, uno de los puntos más controvertidos del borrador de ley que debió ser enmendado en el proyecto aprobado, fue el referente a los asentamientos judíos.

El proyecto establecía la creación de asentamientos enteramente judíos, con carácter excluyente, no obstante, esta cláusula fue reformada para que contemplara únicamente la iniciativa de crear asentamientos judíos, sin hablar de las características que éstos tendrían en la práctica.

Denuncias de racismo, exclusión y apartheid

La aprobación de la nueva legislación estuvo precedida por un estrecho margen de 62 votos a favor y 55 en contra.

La votación en contra no vino sólo de los grupos árabes, sino también de parte del estamento judío disidente, quienes en la plenaria levantaron pancartas en las que se leía: "Esta casa nos pertenece a todos".

Desde ya, la Liga Árabe y los grupos árabes israelíes comienzan a denunciar el nuevo instrumento legislativo. En este sentido, señalan que el mismo servirá de fundamento para legalizar la condición de ciudadanos de segunda, con el que se trata a todo ciudadano no judío en territorio israelí. También denuncian el surgimiento de un apartheid, al peor estilo sudafricano, teniendo a los grupos étnicos árabes como los nuevos excluidos de la sociedad.

La aprobación de la nueva legislación amenaza con desatar una ola de protestas y manifestaciones en un territorio marcado históricamente por la conflictividad y la violencia.

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