La tan esperada cumbre en Helsinki entre los titanes de la geopolítica mundial, Donald Trump y Vladimir Putin, no dejó indiferente a nadie, y probablemente los más impactados fueron los propios ciudadanos estadounidenses al escuchar a su (CIA, por sus siglas en inglés) que señalaban una clara injerencia de Rusia en las elecciones de presidenciales norteamericanas del 2016.

La palabra de Putin pesa más que la CIA y desata una tormenta en suelo estadounidense

La situación se hizo aún más compleja cuando Trump señaló en tierras finlandesas, con respecto a las acusaciones de injerencia, que “el presidente Putin ha sido extremadamente firme y convincente negándolo hoy”.

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Para entender la situación hay que remontarnos al año 2016, cuando comenzaron los señalamientos de las agencias de inteligencia norteamericana, y del entonces presidente Obama, sobre la influencia de información proveniente de Rusia que favorecía a Trump.

Desde entonces, las agencias de inteligencia estadounidenses, encabezadas por la CIA, han sido enfáticas en mantener el señalamiento en contra de Putin como autor intelectual de tal influencia y piratería informática que influyeron en la victoria republicana.

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La institucionalidad norteamericana se balancea en un delicado tablero de geopolítica comercial internacional

La situación puede sonar a comedia, pero no para los norteamericanos, quienes han construido a lo largo de su historia una sólida confianza en torno a sus Instituciones. Entonces, ¿a qué juega Trump? Para entender el movimiento de piezas del extravagante mandatario se hace necesario evaluar sus actuaciones en materia de política internacional.

Y es que, como buen empresario, Trump ha colocado todos los huevos en la canasta de la economía y para ello se ha enfocado en tres frentes: la confrontación con sus socios del tratado de libre comercio del Atlántico Norte (Nafta, por sus siglas en inglés) con México como principal pera de boxeo, confrontación arancelaria y comercial con China; y la confrontación con la Unión Europea, a la cual, no ha tenido el menor reparo en tildarla de enemiga.

Ante tal panorama, el mandatario norteamericano no tiene otra opción más que sacrificar la credibilidad de sus propias instituciones en aras de lograr consolidar una alianza con el enemigo de sus enemigos, si bien no en materia armamentística, sí en el terreno económico, en el cual Putin mantiene tensas relaciones con la Unión Europea; luego de la anexión de Crimea, y una suerte de relación comercial con el gobierno chino. Esto deja al gigante ruso como el aliado necesario para el presidente Trump.

La CIA como en peón que puede significar la derrota de Trump

La mesa está servida y el movimiento de piezas no se hace esperar, por lo pronto, quedará determinar si el peón sacrificado no terminará siendo el mate para el mandatario estadounidense, quien ha decido afrentarse a un estamento institucional que tiene entre sus manos el manejo de toda la información, interna y externa, del gobierno norteamericano.

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