El movimiento de los "chalecos amarillos" ha retomando sus protestas por las calles de Francia. Casi dos años después de su nacimiento, este sábado los llamados "gilets jaunes" han vuelto a la calle en la capital, París, y en ciudades como Marsella, Toulouse, Burdeos o Nantes.

Según el ministro del Interior francés, Gérald Darmanin, cerca de 6.000 personas se han manifestado en toda Francia, de las que 2.500 lo han hecho en París, con cánticos como "estamos aquí" o "Macron dimisión". "La regresión social no se negocia, se combate", rezaba una pancarta mientras otra pedía "poder llenar la nevera dignamente".

Algunos manifestantes también han llevado mensajes escritos en sus chalecos como "solidaridad, igualdad y libertad". Un amplio dispositivo policial ha acompañado a los manifestantes procediendo a la detención de 256 personas. Según fuentes de la Prefectura de Policía, 140 personas continúan arrestadas y 90 han sido sancionadas.

La mayoría de las detenciones se han producido por la requisa de objetos peligrosos como martillos, destornilladores, pasamontañas, cuchillos, alicates para cortar, caretas, palos de metal, barras de metal, un piolet y un arco. Además, algunos manifestantes han quemado basuras, y han utilizado contenedores para hacer barricadas, ante el fuerte dispositivo de antidisturbios, a lo que la policía ha contestado con botes de humo.

Reacciones a la convocatoria

El ministro del Interior, Gérald Darmanin, ha agradecido el trabajo de "policías, gendarmes y bomberos por hacer cumplir el orden republicano". "Su compromiso ha sido, una vez más, notable", ha indicado en la red social Twitter.

El líder de la izquierda francesa, Jean-Luc Mélenchon, ha mostrado su apoyo a los "chalecos amarillos" por la movilización y ha instado a los manifestantes a "rechazar la violencia" para evitar la "máquina de noquear" del prefecto (de la policía de París, Didier) Lallament."Que sea absolutamente pacífica", ha finalizado.

Origen de los chalecos amarillos

El movimiento de los "chalecos amarillos"- llamados así por las prendas reflectantes obligatorias para los conductores- surgió a finales de 2018 en protesta contra la subida de los combustibles.

Respaldado principalmente por los franceses que viven en la periferia, provincias o zonas rurales, se ha convertido en un movimiento de hartazgo generalizado contra la política fiscal y social del Gobierno. Desde su nacimiento y hasta el inicio de la pandemia se convirtieron en una fuerza activa, que logró acciones por parte del gobierno de Macron como aumentar el salario mínimo o reducir los impuestos a los pensionistas.

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