Para Blasting Talks - entrevistas exclusivas de Blasting News con líderes empresariales y culturales - entrevistamos a Ricardo Carmona, portavoz e investigador del Instituto de Microelectrónica de Sevilla (IMSE), centro mixto de I+D+I de la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Sevilla.

Blasting News: El Instituto de Microelectrónica de Sevilla (IMSE) es un instituto dedicado a la microelectrónica, pero ¿qué es la microelectrónica? ¿Cuáles son los objetivos que persigue el instituto en sus investigaciones?

Ricardo Carmona: La microelectrónica es el campo de la electrónica que se ocupa del diseño y fabricación de circuitos integrados, conocidos generalmente como chips o microchips.

Estos circuitos están realizados en un material semiconductor, sobre el que se fabrican multitud de componentes a partir de capas de diferentes materiales. En nuestro instituto diseñamos circuitos y sistemas integrados analógicos y digitales para diferentes campos de aplicación: comunicaciones y radiofrecuencia, sensores de imagen, biosensores, procesamiento de señal, encriptación de la información, etc.

¿La pandemia ha afectado a las actividades habituales del instituto? ¿Qué medidas se han tomado para adaptarse a la nueva realidad?

Lógicamente, nos hemos visto afectados como el resto de la sociedad por el Coronavirus. Hemos tenido que poner en práctica una serie de protocolos para acceder al centro, para el uso compartido de zonas comunes, para la investigación en los laboratorios y para las actividades docentes.

A día de hoy seguimos teniendo aforos restringidos y tanto el CSIC como la Universidad de Sevilla siguen recomendando el teletrabajo siempre que sea posible.

¿En estas nuevas circunstancias generadas por la COVID-19, la microelectrónica es más necesaria que nunca?

La microelectrónica se encuentra dentro de lo que es el grupo de tecnologías facilitadoras esenciales (KET: key enabling technologies), que la Unión Europea define como la materia prima de la innovación.

Esto quiere decir cualquier producto tecnológico innovador se va a construir a partir de estas piezas fundamentales. Existen varios aspectos en los que la microelectrónica puede jugar un papel fundamental en la sociedad post-COVID:

  • El teletrabajo y la telepresencia van a ocupar una parte importante de nuestra vida laboral. Ambos se apoyan en las telecomunicaciones y en el procesamiento masivo de información, en suma en la disponibilidad de espacios inteligentes y dispositivos de Telefonía móvil de muy altas prestaciones.
  • La vigilancia de la salud se beneficiará de los nuevos sistemas biosensores integrados, obtenidos a partir de la hibridación de dispositivos semiconductores con materiales activados. Los test de diagnóstico serán más rápidos, más precisos y más baratos y podrán realizarse a distancia, sin la intervención directa de personal sanitario.
  • Las políticas de distanciamiento, control de aforos y vigilancia ambiental pueden implementarse mediante el uso de redes de sensores inalámbricos para la monitorización continua de personas y de parámetros como la temperatura, la concentración de aerosoles, etc. Estas redes inteligentes pueden realizar su trabajo con respeto a la privacidad de las personas mediante el uso de censado compresivo y de circuitos de encriptación.

¿Se ha creado dentro del campo microtecnológico algún proyecto científico destinado al diagnóstico rápido del virus?

Precisamente en el CSIC, la investigadora Laura M. Lechuga lidera el proyecto europeo CoNVaT desde el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología (ICN2). En este proyecto se está diseñando un nuevo sistema de diagnóstico de la COVID-19 a través de una plataforma biosensora basada en nanotecnología óptica. Un componente importante de este sistema es la microelectrónica.

La situación de crisis global ha provocado que surjan voces contrarias al uso de chips tecnológicos. ¿A qué puede deberse este desconocimiento hacia vuestro ámbito?

Arthur C. Clarke, el escritor de ciencia ficción, dijo que “cualquier tecnología avanzada es indistinguible de la magia”. Lo que quiere decir esto es que la mayoría de la gente no se percata realmente de la presencia de la microelectrónica y la ciencia y la tecnología en general, en sus actividades más cotidianas y desconoce por tanto los beneficios que han introducido en su vida.

Añadido a esto, cuando no tenemos una explicación para algo, hay una tendencia al pensamiento mágico que puede generar prejuicios y supersticiones difíciles de superar.

Si se refiere a la concepción de que la llegada de la tecnología 5G lleva aparejada toda una serie de enfermedades, la OMS es concluyente, no existe ninguna evidencia científica de que las ondas electromagnéticas de esta magnitud y frecuencia tengan efectos adversos sobre la salud. Por cierto, la luz del sol es también una onda electromagnética y es mucho más energética que las ondas del 5G.

El IMSE ha participado en la creación de un circuito para controlar los diferentes agentes que ocurren en el planeta Marte. ¿La sociedad es consciente de todo lo que puede dar de sí la nanotecnología?

Uno de los mayores déficits mundiales es la falta de personas bien formadas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). No se trata de un fenómeno local. Es necesario aproximar la ciencia a la ciudadanía y fomentar vocaciones científicas. Sólo seremos conscientes de las herramientas tan poderosas que tenemos en nuestras manos cuando logremos entender el esfuerzo que hay detrás de estos avances y la conquista que representan.

El cambio climático es uno de los grandes problemas que existen hoy en día. ¿La microelectrónica puede ser clave para esta situación?

Insisto en que la microelectrónica es una tecnología clave. En relación con el cambio climático, hay también diversos aspectos en los que la microelectrónica puede desempeñar un importante papel.

Una de las herramientas que tenemos para contrarrestar el cambio climático es la vigilancia medioambiental y la medida precisa de las variables que lo caracterizan. Las redes de sensores integrados pueden prevenir situaciones de riesgo localizado. La monitorización automática y remota de especies animales y vegetales permiten estudiar los efectos a más largo plazo. También es necesario desarrollar modelos de la evolución del clima cuya simulación precisa requiere procesadores cada vez más potentes. Los avances en el procesamiento paralelo y en inteligencia artificial pueden ayudar a mejorar las predicciones de estos modelos. Y finalmente, la incorporación de la microelectrónica en la industria 4.0 y en las plataformas de transporte inteligentes aumentará la eficiencia y reducirá la emisión de contaminantes relacionados con el calentamiento global.

¿Qué proyectos tiene en un futuro a corto plazo el instituto sevillano?

A corto plazo esperamos recuperar el nivel de actividad previo a la pandemia. En cuanto a proyectos, estamos trabajando en campos como los circuitos para comunicaciones de alta velocidad, sensores de imagen inteligentes, tecnologías emergentes, sensores para aplicaciones biomédicas, circuitos para el espacio, sistemas de procesamiento neuromórficos, circuitos para la encriptación de la información. En todos ellos colaboramos con grupos punteros de Europa y del resto del mundo y esperamos resultados importantes. Otro aspecto al que le estamos dedicando un esfuerzo especial es la transferencia de tecnología y la explotación de los resultados de investigación. Son ya varias las spin-offs que se han creado en el IMSE.

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