El inicio del calvario que sufre el Real Zaragoza se remonta a la temporada 2007/08. Ha llovido demasiado y, por desgracia, todavía no hay atisbos de que la tormenta amaine. Con Agapito Iglesias como máximo accionista del club en aquella época, el proyecto era claro. La gloria o el fracaso. Salió cruz y comenzó el calvario que aún perdura en La Romareda. El proyecto tenía muchos quilates. Aimar, Diego Milito, Gabi, Oliveira, Ayala, Matuzalem, entre otros. Pero la realidad que vivía el club era otra muy diferente.

Se suele decir que no se puede vivir por encima de las posibilidades que uno tiene y eso es lo que le pasó al Zaragoza.

Únicamente, entrando en Champions se podía sostener la economía del club. Algo demasiado arriesgado, que terminó explotando por factores extradeportivos y que acabó repercutiendo en el rendimiento del equipo. Las tensiones internas que se vivieron entre diferentes futbolistas fueron una bomba de relojería que tuvieron como consecuencia el descenso de categoría. Fue un duro golpe para el zaragocismo del que todavía no se ha recuperado.

Años de inestabilidad para el Zaragoza

El Zaragoza tuvo la suerte de permanecer únicamente una temporada en segunda división después de haberse consumado su descenso. No obstante, a pesar de haber mantenido la categoría los años posteriores, se iba divisando un futuro con demasiados nubarrones. Y es que, un club con la historia del Real Zaragoza, conseguía mantenerse en la máxima categoría del Fútbol español en la última jornada durante un par de años consecutivos.

Y, al final, cuando uno juega con fuego, acaba quemándose.

La marcha de Agapito Iglesias en 2014 hizo temblar las arcas del club. La deuda neta ascendía a 106 millones de euros. Una losa muy pesada para reflotar la institución en una categoría tan mermada de ingresos televisivos. La masa social era la única esperanza tanto anímica como económica para atisbar algo de luz.

No hubo suerte y la estocada final llegó por medio de una pandemia que no va a dar tregua hasta el año que viene.

Han pasado 13 años del comienzo del drama y da la sensación que nada ha cambiado. Un equipo sin rumbo, sin un capitán que dirija el barco y con una plantilla carente de calidad y recursos. Se podrá criticar a la actual dirección deportiva comandada por Lalo Arantegui, pero lo que no se puede dudar es que con uno de los límites salariales más bajos de la segunda división, se ha logrado reducir la deuda neta hasta los 71 millones de euros.

Un signo de esperanza

Quedó atrás la era Agapito y se han puesto los cimientos para ir reflotando poco a poco la economía del club. Ahora toca salvar deportivamente el equipo para después darle un giro de 180º a la institución. De lograrlo, el zaragocismo podrá ser optimista y esperanzador. El león está despierto y quiere rugir. Y sobre todo, devolver al Real Zaragoza lo que fue no hace mucho tiempo.

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