Más que una afección se trata de una anomalía social. Pues sí, estoy hablando del síndrome de los pulgares desde el punto de vista tecnológico. Y es que esta patología afecta típicamente a los adolescentes manifestando como síntomas: enrojecimiento, hormigueo, adormecimiento, pérdida de la sensibilidad y ampollas principalmente en las puntas de los pulgares.

Como si fueran artículos de primera necesidad, no hay joven que no lleve consigo, un celular, una computadora y hasta un videojuego. Pero los médicos advierten sobre los peligros de abusar de estos equipos.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

¿Qué riesgo acarrea?

El dedo que un día nos distinguió como seres superiores en el reino animal por cumplir la función de pinza, hoy nos clasifica en humanos modernos o desactualizados. Estudios científicos realizados con debida pedagogía arrojan resultados alarmantes, ya que; tanto niños como adolescentes visitan al médico por dolores, inflamaciones y molestias en manos y pulgares.

Esto se debe a los movimientos repetitivos por el uso de celulares; parece además, que los dispositivos tienen el potencial de ser más peligrosos de acuerdo al avance de la tecnología: cuanto más pequeños son los aparatos, menos teclas tienen y se requiere movimientos más delicados de los dedos que pueden afectar a las articulaciones.

¿La comunicación interpersonal se ve afectada?

No se trata solo de manifestaciones clínicas, sino también de la interrumpida comunicación interpersonal directa, donde el único canal sea el aire.

¿Cuántas veces le ha pasado que está conversando con alguien y de repente esta persona levanta la mirada de su celular para pedirle que por favor repita lo que le acaba de decir? denominándose comunicación interrumpida.

Las familias ya no conversan al momento de comer juntos, puesto que cada uno de los integrantes posee un equipo de última tecnología que los absorbe de tal forma, que no tendrán tiempo para intercambiar palabra alguna de manera verbal. Lo que comenzó como un complemento comunicacional, se ha convertido en una necesidad, prioridad y peor aun en un síndrome.

¿Acaso quien carece de tecnología es excluido o rechazado socialmente?

Esta interrogante desenfoca totalmente el propósito con el que nació la modernización; lo que una vez nos unió ahora nos separa, modificando gradualmente hábitos y estilos de comunicación.

Otro problema es el deterioro lingüístico de los escolares ya que acostumbrados a sintetizar los mensajes, reducen las frases, limitan las reglas ortográficas y mezclan idiomas.

Esta adicción al celular no tiene solo consecuencias físicas, sino también grandes efectos psicológicos, como el descuido de obligaciones o actividades importantes y hasta inseguridad o baja autoestima, muchos jóvenes se sienten ofendidos cuando alguien no responde los mensajes o se puede sentir triste o no tomado en cuenta, solo por el simple hecho que los mensajes no sean respondidos.

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